A partir de la idea de que a nadie le gusta que le hagan pagar -y menos aún si el abono se produce por retirada de ayudas- no han de resultar extrañas algunas de las críticas que provoca la decisión de la Xunta de reducir la gratuidad de una parte de los libros de texto en varias etapas de la enseñanza obligatoria. Pero como una cosa es la extrañeza y otra distinta los motivos, quizá no estén de más un par de matices
El primero es un lugar común, pero no por ello inexacto, y consiste en recordar que el recorte, que existe, se hace porque la crisis ha provocado una reducción muy notable de los medios disponibles. Y cuando eso ocurre, la lógica obliga a que el dinero público se administre con el máximo de rigor y desde los postulados de eficacia y eficiencia, además de -por supuesto- el principio de la justicia distributiva.
En ese sentido -y éste es el segundo matiz- la Xunta, que define su modelo como "gratuidad solidaria", ha hecho sus deberes. De una parte practica política social ayudando a las familias en un asunto tan importante como es un apoyo a las familias a la hora de afrontar la cuesta de septiembre. De otra parte, habilitando las ayudas para aquellos que más las necesitan. Punto.
A partir de ahí, quienes antes tenían la gratuidad y ahora la pierden en todo o en parte pueden sentirse disgustados, discutir las fronteras que separan la concesión y la negativa, protestar contra ellas y reclamar márgenes mayores en los niveles de ingresos que el gobierno marca para decidir. Pero es mucho más dudoso que haya justicia en la descalificación global de una medida que se toma, por el conselleiro, -por más que sea bisoño en política, y seguramente lo es, malgré lui.
No lo es -bisoño- en cambio, el señor secretario general del PSdeG, que ayer, en su vuelta al trabajo, se despachó a gusto contra la "gratuidad solidaria" y la Xunta en general. Y precisamente por su veteranía y experiencia reciente en el Bipartito, se explica bastante mal mucho de lo que dijo. Desde la boutade esa de lo de "una grande y libre" que imputa al PP hasta las cifras que manejó sobre el recorte de los libros y los motivos por los que se produce.
Ese tipo de argumentos resulta impropio de quien, como don Manuel -Pachi- Vázquez, tiene ingenio bien probado. Es cierto que la oposición tiene su papel, y que este obliga muchas veces al ruido antes que a las nueces, pero exagerar es malo. Porque puede confundir a los que escuchan y restar credibilidad a los que hablan.
¿No...?