Pues la verdad es que, dicho con todo respeto para el señor portavoz del PP en asuntos de Emigración, quizá hubiera sido más conveniente que antes de anunciar el propósito de su Grupo para dinamizar una Lei do Retornado en unos meses, hubiese dado cuenta de las gestiones, si alguna hubo, en el asunto del sistema de votación de los residentes ausentes. Y de su resultado, claro, que ya va siendo hora de que se le llame a las cosas por su nombre y a las personas por sus apellidos.
Conviene, dadas las susceptibilidades -sobre todo epidérmicas: a la hora de la verdad nadie se moja en esto lo bastante como para que lo note algo más que la piel-, matizar que nada hay en lo dicho que signifique rechazo a una atención pública gallega para quienes, tras darle mucho a este país desde fuera, vuelven a casa. La mayor parte, además, lo hacen para vivir aquí la recta final de sus vidas y eso per se ya justificaría, en interés de la justicia, la iniciativa de su señoría. Pero como ésta afecta sólo a algunos, y lo otro a todos, habría que empezar por el principio que, además, es lo que se prometió a grandes voces durante la campaña, y aún antes.
Es cierto que se dijo -aunque muchos detalles no hubo, y ése es siempre un mal síntoma- que el señor presidente Feijóo, en su visita a Moncloa, puso sobre la mesa la cuestión del voto emigrante. Un asunto que afecta a la estética del sistema democrático y a la ética de sus principios y que ha generado casos que en cualquier país realmente serio habría dado con los huesos de algunos políticos en la calle por no citar sitios peores. Aquí, por lo visto, la posibilidad de hacer trampa en las urnas del exterior es, sólo, una costumbre. Vaiche boa.
Seguramente resultaría innecesario repetir aquí en extenso, el catálogo de promesas que diferentes responsables políticos -sobre todo los de la oposición, cualquiera que sea: cuando se llega al poder, especialmente al estatal, esto se calla, porque las estadísticas demuestran que quien manda aquí suele ganar allá- hicieron e incumplieron para remediar esa vergüenza. Pero afirmar que ese catálogo existe es imprescindible para evitar que se olvide y, sobre todo, para que nadie crea que la gente está siempre en la inopia.
Por eso, valorando la iniciativa del señor portavoz del PP, sería preferible que hubiera dedicado más tiempo a lo otro. Porque darle a los retornados, cuando lleguen aquí, las garantías de voto que allí se les niegan podría parecer tan sólo un ejercicio para tranquilizar algunas conciencias. Y no.
¿Eh...?