A estas alturas, y dicho sin mala intención, uno de los aspectos que más sorprende en el quehacer de la nueva Xunta es su al menos aparente convicción de que la cuestión ferroviaria ha quedado resuelta tras el protocolo firmado entre los señores Núñez Feijóo y Blanco López. Orientado -además- a situar la cuestión au dessu de la melée, hay en el acuerdo notables lagunas que, por lo que se va sabiendo, aún no tienen solución habilitada.
La cuestión viene a cuento de una declaración del señor ministro de Fomento acerca de la posible donación de unas vías en apariencia útiles para la tantas veces reclamada red de cercanías. Aseguró don José que la propiedad se transferiría "en cuanto se le pidiese", pero no parece que el señor Núñez esté por la labor, porque aún no se pidió. Y la generosidad de uno y el silencio de otro alientan la sospecha de que, en el fondo, nadie quiere quedarse con lo que parecen considerar un marrón.
Si eso es así -y hay que volver a Pirandello, quien advirtió que algunas veces lo que parece, es-, las actitudes de sus señorías serían prueba de que al menos en parte las críticas sobre las carencias del protocolo aquel eran acertadas. Porque nadie hay, aquí, que pueda tener por secundario para Galicia el asunto de las cercanías y considerar estratégico tan sólo el AVE, a no ser que se ignore la condición vertebradora que el ferrocarril tiene aún aquí y que la alta velocidad, por razones obvias, no podrá cumplir.
(En este punto procede otra consideración, siquiera para completar el argumento. Cuando se define el "pacto de San Juan" -que fue cuando se firmó el protocolo- como defectuoso, es preciso recordar que parte de los Presupuestos que se anunciaban contaba con inversiones financieras privadas sobre las que nada se sabe aún. Y como se establecían fechas -la del 2015 como término- que muchos tienen por difíciles de cumplir, eliminar la incógnita de los dineros es conditio no sólo "sine qua non", sino requisito imprescindible para eliminar el resto de las dudas, por absurdas que puedan parecer.
Algunos observadores quizá demasiado desconfiados, recelan de que la viabilidad -y acaso nunca mejor dicho- de buena parte de cuanto se prometió e incluso s se proclamó "resuelto" se ve amenazada por otro factor; el de la posibilidad de cambios en el esquema financiero de este país, posibilidad que ven atractiva sobre todo algunos de allende el Padornelo. pero ésa es otra historia sobre la que habrá que volver.
¿O no...?