Así pues, iniciada ya la segunda quincena de agosto, y por lo tanto con buena parte de los políticos en plena cuenta atrás para el retorno, quizá resultase procedente pedirle al PPdeG algún dato más sobre qué quiso decir el señor Rajoy ante la dirección de su organización cuando propuso al BNG "pactos en asuntos que no sean de Estado". Lo que se plantea a los Populares gallegos porque son los que gobiernan aquí.
En este punto conviene tener en cuenta la opinión de algunos observadores que, quizá por inclinarse más a la banda de babor, se dejan llevar por la suspicacia y afirman que el asunto no es serio. Lo argumentan, ante todo, en la dureza con la que la Xunta del señor Feijóo está tratando los asuntos que hace cuatro meses gestionaba el Bloque, para concluir el análisis diciendo que nadie en su juicio pretende acuerdos con alguien al que trata a patadas en el culo, con perdón. Y como eso parece verdad, quizá lo sea también lo que añaden: que lo de don Mariano sea en el fondo una "oferta trampa".
(Las patadas han sido varias, pero hasta ahora dos especialmente dolorosas para el BNG. Una, la de las eólicas, por motivos de prestigio e incluso de finanzas; otra por algo aún más conceptualmente irrenunciable para los nacionalistas como es la cuestión lingüística. Es verdad que ninguna forma parte de lo que el señor Rajoy parece incluir en los "asuntos de Estado", pero ambas están ya resueltas, y no son objeto de pacto; salvo, claro, que alguien en el PP haya optado por tácticas surrealistas. Y aunque en la política de aquí todo cabe, esto no parece probable.)
Claro que, como al igual que en otras cosas, en esta también hay huecos por los que se pueden alcanzar objetivos que a primera vista resultan inverosímiles. Y en ese sentido convendría una aclaración del PPdeG sobre el alcance y contenidos de la oferta de don Mariano. Porque si no se trata de una trampa, sino de la búsqueda en común de acuerdos en materia laboral o sanitaria -verbigratia-, estupendo; y si se busca construir puentes con vistas a propuestas concretas para la ordenación del territorio de Galicia, entonces miel sobre hojuelas, como lo sería también un pacto para poner en valor el monte gallego y ya ni se diga uno sobre la defensa del litoral.
O sea, que asuntos sobre los que hablar hay, a pesar incluso de las patadas. Lo que falta es saber si existe voluntad real para comenzar los diálogos o la oferta fue solo un calentón de boca de esos que tan frecuentes parecen durante el verano.
¿Eh...?