De modo que, ahora que disminuyó el paro y andan los agentes sociales, aunque cautos, algo más sonrientes, quizá sea oportuno recordarles que, además de lo que les ocupa con prioridad, que son los trabajadores por cuenta ajena, hay en el mundo laboral otros, los autónomos, con los que hacen injusticia doble. Y ya está bien porque padecen más que nadie las crisis -tanto la financiera como la económica- y en peores condiciones.
Queda dicho que sufre, ese colectivo, un doble agravio: de una parte porque apenas se le tiene en cuenta a la hora de conceder ayudas, más allá de la verborrea de los créditos ICO, que apenas llegan en términos de Estado a cincuenta mil y en Galicia a un porcentaje raquítico. El resultado es una injusticia creciente que agranda una brecha social de imprevisibles consecuencias.
La disculpa -de mal pagado, y quizá nunca mejor dicho- que desde las Administraciones, y desde los sindicatos, se despliega para excusar la discriminación se resume en la dificultad de tratar a los autónomos a causa de sus distintos y a veces contradictorios perfiles. No son ni trabajadores ni empresarios propiamente dichos, y por tanto se les confina a un limbo en el que acaban por diluirse entre desánimo propio y descuido ajeno.
Alguno observadores han dicho ya que la maldición de los trabajadores autónomos está en que, distintos entre sí parecen incapaces de articular posturas comunes que les permitan -por ejemplo- una huelga que no sólo les haga visibles para la sociedad, sino temibles para el Gobierno. Lo han intentado algunos, pero la confluencia de los grandes intereses y de las pequeñas visiones los condujo a la popularidad y a la derrota. Y así siguen.
Los gobiernos que en estos años de democracia han sido adoptaron pocas y rácanas medidas de apoyo. El del señor Zapatero impulsó un llamado Estatuto para el sector, iniciativa interesante, pero inaplicada y que, además, discrimina entre acogidos y produce más injusticia y confusión.
A estas alturas, con ese panorama y el que se espera a partir de septiembre -a pesar de las previsiones del CES, al que también le importa un bledo este colectivo- sobre todo en el sector servicios, que es en el que más autónomos se ocupan y ocupan, cualquier gestor con sentido común procuraría eliminar maldiciones, poner orden y echar una mano. Dicen que haberlos -esos gestores- haylos: lo difícil dar con ellos.
¿O no...?