Las últimas encuestas parecen revelar un ascenso sostenido del Partido Popular. Si, con posterioridad al congreso de Valencia, el PP comenzó una lenta y tímida remontada, los últimos sondeos confirman la tendencia al alza. Este dato vendría a subrayar además el fortalecimiento del "liderazgo" de Mariano Rajoy al frente de un partido al que no le han faltado piedras en el camino y más de una zancadilla, externas e internas.
Todavía después del congreso de Valencia, el PP pareció estar amenazado por corrientes internas que podrían debilitar al liderazgo de Rajoy. La tormenta se ha amainado y las aguas han vuelto a su nivel. Cierto es que la victoria del PP en Galicia y también las recientes del Parlamento europeo, así como el resultado en el País Vasco como fuerza decisiva para que el PSOE pudiera formar Gobierno afianzando la figura de Rajoy, confirmaron la validez de su estrategia electoral.
Desde el exterior, la campaña mediática desatada contra el Partido Popular en Madrid y en Valencia no escatimó en airear verdaderos juicios paralelos, desconociendo el principio de presunción de inocencia, al tiempo que se quiso contaminar al partido con las imputaciones de carácter personal.
Sin embargo, tanto ante las revueltas internas como ante las conspiraciones externas, la autoridad de Rajoy y su firmeza le han permitido no dejarse arrastrar por el ruido y la furia. La cautela y la prudencia, virtudes nada desdeñables en el político gallego, han guiado sus pasos sin que, al mismo tiempo, se le pueda atribuir falta alguna de coherencia o debilidad en sus principios.
Buen administrador de los tiempos, Rajoy no se ha dejado distraer por la fugacidad de las contrariedades internas ni por la pugnacidad de las provocaciones externas. En todo momento ha mantenido el ariete dirigido hacia el adversario, experto en crear espejismos que oculten la gravedad de la crisis que padecemos y simular torpes envanecimientos.
Cuando se la ha preguntado sobre los casos que están en manos de la justicia, Rajoy ha respondido que sólo al Tribunal Superior le corresponde tomar la decisión sujeta a Derecho que únicamente a partir de entonces el partido tomará las suyas. Administrar los tiempos con cautela y prudencia es el punto de gravedad desde el que se permite, sin precipitación y sin presiones, observar los acontecimientos sin traicionarse.
Mal no parece estarle yendo a Rajoy, les pese a unos y a otros. Todo político de bien sabe que en la soledad de su conciencia se encuentran a veces los resortes que afianzan su liderazgo. Y a ellos se atiene.