Así que, por si alguien tuviese aún dudas de que a esta Xunta le van más las metáforas que los hechos, lo que ayer dijo su presidente tras el Consello las habrá despejado definitivamente. Porque, sobre la anulación del concurso eólico no sólo aportó como motivos un par de lugares comunes sino que aludió a presiones sin especificar de quiénes y por qué. Y en este tipo de cosas, ningún gobernante serio debiera circular por los cerros de Úbeda.
Claro que, como casi siempre, hay algo que puede empeorar lo malo, su señoría asumió la pintoresca interpretación de su director xeral de Industria –parece que amparado en un informe ad hoc de sus asesores– según el que la anulación se produce para evitar inseguridad jurídica, a pesar de que el PP, cuando era oposición, no pasó de denunciar en los media cuanto veía de defectuoso en el procedimiento, lo que muy bien no habla de su proclamado concepto de la "defensa de Galicia".
(En este punto, resulta imposible pasar por alto la impostura del PSdeG al denunciar, ayer mismo, la decisión de la Xunta. Y es que si hay alguien en el escenario político gallego que merece críticas por su actitud en esto de las eólicas son los socialistas, que denunciaron irregularidades –también sin ningún tipo de prueba– en el proceso y ordenaron a sus consellerías que no tomasen parte en él, pero luego les faltó valor y lo aprobaron como gobierno. Vivir para ver.)
Pero la alusión a presiones no se acabó ahí: don Alberto la repitió al responder a una pregunta sobre la situación de las Cajas de Ahorro gallegas y los interesados enredos que de padre desconocido –al menos aún no bien identificado– que en estos días causan cierto desasosiego. El señor presidente volvió a echar mano de su táctica favorita desde que llegó al cargo y, tras pedir –no se sabe a quién– prudencia, dejó para el año que viene una ampliación de sus intenciones. Como en las eólicas, el decreto de normalización lingüística, el estatuto de la RTVG o la Ley de Costas, citados los ejemplos sin ánimo de agotar el catálogo.
Así las cosas, resulta exigible que el señor Núñez Feijóo, para fortalecer –así, sí– la seguridad jurídica diga, si le consta, quién presiona aquí, a quién y con qué: y si no, que aplique en lo suyo la prudencia que predica a los demás. Quizá debiera recordar la máxima de Felipe II que aconsejaba como principal norma de buen gobierno la de sosegar a los súbditos, ya que en estos tiempos, si algo sobra son motivos de inquietud.
¿No...?