El idioma propio de Galicia es el gallego y el idioma propio de España, en cuanto Estado, es el español, una lengua que a su vez es la propia y oficial de un buen número de países de estirpe hispana, y se habla en extensas zonas de otros que, como los Estados Unidos de América del Norte y el Estado Federal de Brasil, tienen como idioma principal el inglés y el portugués respectivamente. Decir que un idioma en clara expansión universal puede estar en peligro en una pequeña región española, como Galicia, es una exageración idiota, pero en ciertos círculos (de idiotas, claro) la tesis goza de gran predicamento. Proteger y cuidar lo propio (paisaje, arquitectura, idioma, bailes, canciones, literatura, arte, etc) debería ser un rasgo de sensatez, pero los idiotas, y quienes los jalean, no lo ven así y han convertido en "casus belli" una supuesta confrontación lingüística dentro de los límites geográficos de la región. Y no lo han convertido en un problema transfronterizo con Portugal (donde se habla una lengua muy similar) de verdadero milagro. Galicia, sin el gallego (que está en evidente regresión ante el empuje del castellano por tierra, mar y aire), no sería nada. O sería otra cosa muy distinta. Decir esto que antecede es una obviedad, pero hay que insistir en ello, porque vivimos tiempos de constantes falsificaciones y mixtificaciones en torno al concepto de la "galleguidad". Ahora mismo, por ejemplo, los idiotas que dicen sentirse amenazados por la inmersión lingüística en el gallego defienden a ultranza la "galleguidad" de las cajas de ahorro, implicadas en un posible proceso de absorción por cajas de Madrid y de Valencia. Con el mismo entusiasmo con que hace poco defendieron la "galleguidad" (qué risa) de Unión Fenosa contra inversionistas foráneos como don Florentino Pérez, el padre putativo de Cristiano Ronaldo, Kaká y otros bigardos. O con la misma determinación con que el Gobierno de "galleguistas amables" de la Xunta anula la adjudicación de parques eólicos otorgada por el Gobierno anterior, que las había hecho invocando precisamente la "galleguidad" de las empresas beneficiarias y de sus compromisos de inversión en Galicia. ¿Con qué clase de "galleguidad" nos quedamos? ¿Con la que subordina amablemente el gallego al castellano, o con la que dice defender los intereses del capitalismo gallego contra el capitalismo foráneo? Por cierto, ¿me podría señalar alguno de esos idiotas cual es la diferencia sustancial entre un capitalismo y el otro? Les quedaría muy agradecido. Al respecto, experimento la misma perplejidad que cuando les oigo hablar solemnemente de "un asunto de país". ¿A qué país se refieren? ¿A España? ¿A Galicia? Si el bilingüismo es complicado de ejercer el binacionalismo ya es la repera.