De modo que, cumplido el objetivo electoral que tantos votos dio al PPdeG, y aclarado, –ma non troppo– el panorama lingüístico, lo que procede ahora es aguardar y ver qué hará la Xunta con el resultado de la consulta que sobre el idioma escolar propuso a madres y padres del país. Y no le será fácil tomar decisiones, primero por el resultado y, segundo, porque no ha habido demasiada luz, aunque sí bastantes taquígrafos, a la hora de cumplimentar ña cuestión.
En este punto, y para evitar más aspavientos, quizá no estuviere de más subrayar que esa especie de referéndum limitado aporta un mapa muy parecido al que había proporcionado el propio resultado electoral. O sea, una mayoría favorable a la libertad de elección, que no debiera ni discutirse en pura teoría, y un follón de mucho cuidado para aplicarla. Follón que se deriva no sólo de la complejidad objetiva del asunto, sino de los problemas subjetivos que causa la escasez de medios disponibles. Por la crisis, claro.
Eso aparte, hay un par de variables que tampoco van a ser moco de pavo. Una, la hostilidad manifiesta de PSdeG, Bloque y sus entornos, que si habían cuestionado ya la consulta –a pesar de lo cual hicieron todo lo posible para llevar el agua a su molino –menos aceptarán ahora las cifras que publicó la Consellería, excepción hecha de las que le son favorables y que curiosamente se ciñen al ámbito de lo que fueron las galescolas. Y además están también los sindicatos, que si bien cada uno por su lado, ya dejaron claro que la aplicación de las leyes–incluida la de Normalización Lingüística –no se puede someter a consultas ni su cumplimiento a votación.
Dicho todo ello, conviene un par de reflexiones más y una moraleja, si se le quiere llamar así. La primera de aquellas es el hecho de que la encuesta a padres y madres tuvo al menos en apariencia garantías suficientes y por tanto el resultado ha de aceptarse tal como se planteó; como opinión de interesados directos en un asunto serio. La segunda reflexión atañe a las partes en conflicto, que siguen siendo las mismas de hace tres meses, a la hora de enfocar el modo de tener en cuenta la respuesta de los consultados y aplicar lo que ha salido y cómo superar las diferencias sin que la cosa acabe como la guerra de los cien años.
¿Y la moraleja? Pues que o se aprovecha esta pausa de agosto para planificar un gran acuerdo escolar que respete, además de la voluntad de la mayoría, la Ley, o mal van a ir todos. Sobre todo los alumnos.
¿O no...?