La globalización de los contactos personales llamada internet reposa en la improbable creencia de que tu vecino de Alaska es más ingenioso y comprensivo que tu vecino de la casa de al lado. No sabría replicar el entusiasmo de un mago de las no tan nuevas tecnologías, cuando me desbrozaba las infinitas conexiones que abrían, sin más contrapartida que esclavizarse a una pantalla durante horas. Tras la mezcla de arenga y ditirambo, concluí que un ser humano que leyera dos páginas de Séneca bien seleccionadas al día no sólo obtendría un enriquecimiento personal más acusado que el obseso de la red, sino que contribuiría en mayor grado a la salud social y, por extraño que parezca, a una más favorable disposición del cosmos.
Llámenme racista, pero no conozco a nadie que se haya hecho inteligente gracias a Internet, aunque resulta imprescindible para solidificar carencias y prejuicios. También refuerza, seamos ecuánimes, los recursos de personas que ya llevaban la inteligencia puesta. Han encontrado un potente archivador inmediato y el diccionario universal. Sin embargo, sólo la generación que se creyó que la banca era una profesión excitante puede trasvasar la inteligencia y la creatividad a la colección de todas las palabras.
Internet como religión significa que es absurdo beber un whisky en vaso de cristal de roca junto al mar, cuando puedes ingerirlo directamente de la botella, o lamerlo del suelo, en un sótano húmedo. Es posible, pero me cuentan la primera historia de un cultísimo hombre de letras que ha regresado del más allá de internet. Hizo de la red un modo de vida, fue pionero en pulsar sus variaciones. Ha clausurado la exposición a todos los humanos, ha comprado las cinco temporadas de The Wire en CD y ha hallado otra forma provisional de la felicidad. Internet subestima la infinita capacidad de aburrimiento del ser humano. Ningún tráfico suprime al peatón, aunque se reserva la posibilidad de atropellarlo. Sólo Internet se basa en la arrogancia de que exterminará las posibilidades anteriores. Sin crear nada a cambio.