El Gobierno se ha ido de vacaciones con el mal sabor de boca de que, por primera vez en cinco años, el PP le supera en intención de voto. ¿El motivo? El desgaste ante la crisis. El problema es que, tras el parón estival, el escenario tiende al gris oscuro. Repasemos.
Según los últimos datos, nuestra economía: baja a un ritmo del 4% (no hay guarismos comparables en 50 años); muestra un déficit público desbocado (en junio era superior al acumulado de 2008, con una caída recaudatoria por IVA del ¡92%! respecto a mayo); crece el paro hasta el 18% (y eso que es un período con inicio turístico y plan E) y hay inflación negativa del 1.4% (el Gobierno niega la deflación, pese a llevar cinco meses con tasas negativas).
Y, ¿cuál es el remedio? Como a los aliados de ZP (IU, ERC y BNG) les gusta tirar del gasto, hay dos soluciones: más endeudamiento (Chaves prevé 5.000 millones de euros más para los Ayuntamientos, con un nuevo plan E que no sabemos cómo financiarán –conforme pase el año, los inversores desconfiarán de la deuda emitida por España) y más impuestos. Se habla de castigar a las rentas altas (siempre queda bien ante el electorado, aunque la ganancia total obtenida sea pequeña) y de subir el IVA (¿pero se puede lograr más recaudación de un impuesto que penaliza el consumo, justo cuándo está deprimido y que lo estará más a partir de octubre, tras aumentar el paro con el fin de la temporada turística y el plan E?).
Así, no extraña que el PP lidere las encuestas, pese al caso Gürtel. Los críticos de Rajoy le reprochan que, ante el desgaste socialista, su ventaja no sea mayor. Aunque Rajoy debe temer que la economía se deteriore tanto como para tener que exigir elecciones anticipadas. Y, en ese caso, debería lidiar con una situación para la que no tiene ideas (o no se le conocen). ¿Bonito panorama, no?