Se oye ahí al fondo que vuelve la canción de aquel Vigo que fue un emporio tabernario. Si en Ferrol andan a vueltas con su Ciclo de Músicas Portuarias para recuperar esas canciones que, entre trago y trago, animaban las largas noches de los muelles ferrolanos, en Vigo van a repetir el certamen "Cancións dos nosos barrios" que resucita el alma cantoral del pueblo olívico y llano. Aquellas reuniones en torno a la barra de un bar tomando "chatos", luego sustituídas por el "chateo" ante la pantalla, se desperezan de su letargo con ese encuentro organizado por la muy viguesa Irmandade de Devotos de San Roque entre el 4 y 7 de agosto en el recinto que lleva el nombre de tal santo. No es concurso pero late por debajo un desafío y, en sus guaridas taberneras, entrenan sus voces como guerreros que afilan sus espadas. Aquí y allá, en uno u otro barrio, suenan sus canciones en la noche como soldados que aprestan sus armas en la vigilia antes del combate: las de Airiños da Peneda, Los Olívicos, Os Bohemios, Amigos da Canción, Torontelo; la de las Pandereteiras de Toutón, Os Miñocas, Airiños do Mar, Infortunados: las de Os Manolos, Los Tonys, Amigos de Lavadores, Os de Cabaleiro; las del Furancho da Balsa, Ecos do Racimo, Muñeca Azul, Voces de San Roque... Vigo no duerme, está cantando presto a la batalla.
Recordad, los que tenéis canas, los tiempos de las peñas y sus procesiones de bar en bar, de uno a otro barrio, con un trozo de tortilla o bacalao traído de la casa, aminorando con azúcar la acidez de aquel vino tinto atravesado, servido en palomitas o del barril a la cunca y bebido sorbo a sorbo, grolo a grolo, vaso a vaso. Recordad el bar Chao en el barrio viejo, el Rikitrí en Hernán Cortés, el Furrú en el de Castrelos, A do Lorenzo en Sampaio, la Rola en el de San Roque... Cada taberna podía ser un templo del cante y, si unas han cerrado otras aún siguen en la brega: el Armando, el Cerdo, Eligio, la Viuda, O Buraquiño, Mantelas, Chavolas, la Taberna de Isidro donde habitan coralmente Os infortunados, O Racimo en el que ensayan Ecos do Racimo ... Canción tradicional gallega cantada bajo un cielo de chorizos y ante paredes pobladas de almanaques con chicas destetadas, banderines de fútbol, carteles de fiestas con internacionales orquestas, letreros que prohibían blasfemar y un sinfín de otros detalles de una estética galaica y parroquiana. Canción gallega, sí, pero sin abdicar de aquellas que llegaron por los mares, fueran boleros, tangos (eso menos) o habaneras.
Poco más que unas mesas y unas sillas con un techo encima, sin más suelo que la tierra y ya había una taberna. Las hubo siempre, desde aquellas de puntapié que seguían a los ejércitos, pasando por las del Madrid de los austrias servidas por mozas rollizas y frescachonas que hacían de meseras hasta las contemporáneas. Las del rural, hogares alternativos para el campesino en que limpiarse el gaznate del polvo del camino. Las de la ciudad, casinos obreros en donde con el cante, los amigos o el alcohol se compensaba la explotación laboral, las frustraciones cotidianas. En uno u otro lado, antesalas o prolongaciones de la casa y muchas veces refugios para maridos aburridos y por eso antes vetados a las damas. Pero también, no lo olvidemos, locales para el el acto político o reuniones clandestinas cuando falta democracia y los derechos fallan.
Igual que aquellos cafés, cenáculo y espacio de tertulia que fueron cayendo a manos de los cibercafés, sustituyendo la palabra directa y cercana por la lejanía del reino estelar de Internet, fueron desapareciendo esas viejas tabernas, reconvertidas algunas en bares "fashion" de diseño. Pero, voto a bríos, los dioses nos protegen, aún quedan y, aunque menos, aún se canta en ellas. En Vigo, además de las ya dichas, está el Pereira y el Pereiró, el Turista, Modesto, O Estanco, Bar Justo, O Piollo, Mesón Arbo, Rocío... o están furanchos como La Balsa, en Matamá, que son un hervidero del cante popular más hondo. Y la Irmandade de Devotos de San Roque, que así se llaman aunque no crean muchos ni siquiera en Dios, lo recuperan, animan y potencian ahora con ese certamen "Cancións dos nosos barrios", que tendréis la primera semana de agosto. Se oye en Vigo un murmullo que sale de sus barrios: las voces se modulan, las gargantas afinan sus cuerdas, las peñas ensayan sus cantos de combate.