La extinción de los ministros

Matías Vallés

 01:49  

El barómetro de julio del Centro de Investigaciones Sociológicas sorprende hasta los estribos del acontecimiento histórico porque, con cuatro millones de parados y una crisis que tres de cada cuatro españoles consideran bien aposentada, la oposición le arranca un único punto porcentual al Gobierno. Además, el adelantamiento sólo se produce después de manipular la intención de voto de los encuestados –o "aplicar un modelo de estimación" en el argot–, con lo que hasta la misma institución reconoce que otra cocina computaría "estimaciones diferentes". El CIS perdió su crédito predictivo cuando estuvo a punto de doblar la participación en las europeas –del 77 al 45–, en un exceso de voluntarismo estadístico.

El sondeo del CIS mantiene su vigencia en aspectos secundarios como la valoración de los políticos, donde los encuestados carecen de motivación para ocultar sus inclinaciones. El barómetro demuestra en primer lugar que la crisis económica se ha transmitido a esferas colindantes, contaminando la percepción de la situación política. Esa desconfianza se traduce en el suspenso a todos los líderes. Dentro de la descalificación global, el Gobierno se mantiene entre el 4.99 de Rubalcaba y el 3.41 de González Sinde. La puntuación es preocupante, pero se sitúa notablemente por encima de las obtenidas por los ejecutivos que administraron la mayoría absoluta de Aznar.

Las valoraciones de los líderes adquieren consistencia a fuerza de su reiteración en los últimos barómetros. No sólo Rosa Díez aventaja notablemente a Rajoy y se coloca a tiro de Zapatero –pronto se demostrará que el partido UPyD limita las expectativas de su portavoz–, sino que Duran i Lleida incumple los principios de la catalanofobia para situarse por encima del teórico aspirante de la derecha a La Moncloa. El actual residente en el palacio está peor valorado que la mitad de su Gobierno. Sin embargo, la clave no reside en las puntuaciones del gabinete, sino en el precario grado de conocimiento de sus miembros. Dado que hay una intención deliberada de oscurecerlos, se puede concluir que Zapatero ha logrado la extinción de los ministros.

Como caso extremo, Beatriz Corredor –el grado de ignorancia popular sobre su figura obliga a precisar que desempeña la cartera de Vivienda– puede presumir de ser la primera ministra de la historia que, un año y medio después de acceder a su actual desempeño, es una perfecta desconocida para cuatro de cada ciudadanos. La identifica únicamente el 20.2 por ciento, sin descartar que en futuros barómetros refuerce su grado de desapercibimiento por debajo de la barrera psicológica del veinte por ciento, y tenga que presentarse a sus escoltas. El desentendimiento de la ciudadanía se produce a pesar de la especial sensibilidad hacia el mercado inmobiliario, por lo que la registradora de la propiedad tiene un problema de imagen o una acusada vocación monacal, incompatible con las candilejas gubernamentales.

Con sus polémicas lingüísticas y biológicas a cuestas, el nombre de Bibiana Aído sólo es asociado a unas funciones concretas por dos de cada cinco ciudadanos. Sin embargo, es en la cartera de Justicia donde se manifiesta la extinción ministerial puesta en práctica por Zapatero. Con un mísero 23% de conocimiento, queda claro que Francisco Caamaño no llegó a la cartera de Justicia para pacificarla, sino para certificar su defunción. Sin caer en el empalago numérico, once ministros son desconocidos para más de la mitad de los españoles, cinco no llegan ni al treinta por ciento de identificación. El presidente ha materializado el sueño de ser equiparado a Berlusconi, Merkel o Sarkozy, el gobernante solitario y dueño de su destino.

Desde la perspectiva inversa, es posible que la resistencia de María Teresa Fernández de la Vega a la extinción –aunque su valoración personal se ha despeñado cerca de un diez por ciento– sea el argumento más poderoso que impidió su sustitución como vicepresidenta. Rubalcaba, en cambio, atesora una valoración peligrosamente alta, que impide su promoción vicepresidencial porque sería un rival de cuidado para Zapatero. El titular de Interior ganó las elecciones para el PSOE en la madrugada del 14-M de 2004, y la tradición enseña que ningún poderoso perdona a quien le salvó la vida. Chacón se desinfla tras su hiperbólica promoción, y el CIS demuestra que los gabinetes pasan a ser subsidiarios de los presidentes del ejecutivo. Zapatero o Rajoy gobernarán en solitario. Si se equivocan, siempre pueden recurrir al arrebato de Valle-Inclán, "¡me ha fallado la época!".

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