farodevigo.es » Opinión
    Noticia siguiente 
Áspero y Sentimental

Corazón con bofetada

Jose Luis Alvite

 04:21  
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

He peleado contadas veces a lo largo de mi vida, a pesar de haber frecuentado lugares y circunstancias en las que se consideraba hasta cierto punto natural la violencia. Salvo que sea a traición o en abrumadora superioridad, no es fácil ejercer la contundencia. Incluso para enfrentarse a alguien menos fuerte que tú se necesita tener agallas, sobre todo en el caso de que tu rival te supere en convicción. Tantos años entre la gente de la peor ralea me han servido para descubrir que según se mire, para la agresividad se necesita tanta entereza de ánimo como para la resistencia pasiva y, si se vive de ella, por supuesto, el mismo sacrificio y más dedicación. Fue mi querido e inolvidable Pepe Bahana quien me puso al tanto de cómo había que administrar la tensión ambiental, sin caer en las provocaciones pero también sin parecer evasivo, que es una manera elegante de calificar la cobardía. Aquel tipo sabía por experiencia que en la mayoría de las ocasiones la violencia no es más que un sórdido sustitutivo de la palabra y que muchos hombres son violentos simplemente porque las manos se les traban menos que la lengua. He conocido a tipos grandes como armarios y mortales como sepulcros a los que no les importaba en absoluto reconocer que si se valían tan a menudo de los puños era porque sus manos tenían mas facilidad de palabra que sus labios. Juraría que fue el malogrado Pepe Bahana quien una madrugada me dijo en su garito a las afueras de Compostela que “si le pillas el punto y sabes hablarle, no hay un solo hombre cuyo corazón no sea más vulnerable que su mandíbula, ni una mujer a la que una frase afectuosa no la desarme más que cortarle el teléfono o retorcerle un brazo”. Bahana había sido un personaje de la lucha libre durante su juventud en Tánger y cuando le conocí me pareció que llevaba en la noche más tiempo que la oscuridad. Estaba de vuelta de muchas cosas, de las buenas y de las malas, sobre todo de las malas, que, como solía decir él, son las cosas que verdaderamente te dan una idea razonable de como hay que pisar en la vida para que la posibilidad de llegar alto no lleve aparejada la desgracia de perder de vista el suelo. “Me pegué muchas veces cuando la violencia era para mi un trabajo –me confesó Pepe una madrugada en su garito– y seguí pegándome cuando me metí en el negocio del alterne y la violencia se convirtió para mi en una necesidad... Pero aunque por mi aspecto no lo parezca, detesto la violencia. En cierto modo es una suerte envejecer. Pierdes facultades físicas, es cierto, pero desarrollas la inteligencia. Ahora pego poco, lo indispensable, pero, ¡ojo!, cuando pego, ¿sabes?, cuando pego, hago escultura”. La primera vez que le tuve delante me fijé en sus manos, grandes, pesadas, incontestables, como un par de mazos al final de dos brazos tan robustos, que con unas copas de más podrían haberme parecido parientes suyos. Era alto, más ancho que la holgada carcasa de su propia espalda, y calculo que pesaba más de noventa quilos; calculé que no llegaría un caldero para vaciar su cabeza en él. No era cierto que aquel tipo no supiese expresarse, lo que pasa es que a Pepe Bahana le gustaba hacerse de menos y representar el papel de un hombre rudo e implacable al que incluso sería arriesgado llevarle la contraria por teléfono. A mi siempre me demostró ser un tipo afable y cabal al que en el fondo le angustiaba la idea de verse obligado por las noches a un desdoblamiento emocional que le permitiese mantener a raya a una clientela errática y complicada en la que nunca faltaban un imprudente, un idiota o un matón. Como nunca le llevé flores al cementerio, ni sé siquiera donde está enterrado, me sincero aquí para reconocerle lo mucho que hizo por mi y para disculparme por haberme servido a veces de su generosa valentía cuando por dar un paso en falso me metía en un brete del que, de no haber sido por aquel viejo luchador de Tanger, probablemente sólo me habría sacado con vida la muerte. A Pepe Bahana no le gustaba pegar y me consta que lo evitó siempre que pudo. Pero sé que si mi viejo amigo me hubiese sacudido una bofetada por los muchos errores que cometí, la recordaría ahora como si me hubiese partido la cara un tipo que me consta que llevaba el corazón en la palma de la mano.
jose.luis.alvite@telefonica.net

COMPARTIR
 
  HEMEROTECA
  Encuestas de actualidad
¿Considera que debe ampliarse la dotación judicial en Vigo para evitar los atascos de sentencias?
  Sí
  No
Votar »
 
RESULTADOS ACTUALES
91%
No 9%
   
¿Debe compensar el Concello al pequeño comercio afectado por las obras de humanización?
  Sí
  No
Votar »
 
RESULTADOS ACTUALES
50%
No 50%
 
Ver más encuestas »
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  FARO DE VIGO |  LOCALIZACIÓN Y DELEGACIONES |  CLUB FARO DE VIGO     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
farodevigo.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de farodevigo.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad 2009