Pues, la verdad sea dicha -y aunque suene a muy demagógica- quizá una parte de la sensibilidad que, a la hora de analizar lo que sucede en la calle le falta a algunas instituciones podría incrementarse mediante el envío al paro durante un cierto tiempo a quienes las forman y representan. Y no por mucho tiempo: tan sólo el necesario para que sepan mejor qué significa llegar a fin de mes.
Y no se trata de imponerles castigo a los teóricos afectados, a pesar de que en algunos casos son responsables de una parte de lo que pasa, si no en su origen desde luego en sus peores efectos. La hipótesis de enviarlos al INEM, imposible -porque, además, a quienes destituyen de esos puestos les llenan la cartera y les resuelven la vida- serviría no obstante para humanizar esas instituciones y acercarlas más a la misma realidad con la que cada día han de bregar sus convecinos.
Uno de esos casos es el del Consello Económico y Social. Algo que resulta curioso y especialmente llamativo porque en su estructura parece garantizada la cercanía a la gente corriente, a esa "ordinary people" que tanto glosan los anglosajones. Pero es que eso que dice en su último informe sobre que el temporal -económico, se entiende- está amainando sólo se explica porque tal cosa es la que quieren oír los gobiernos, el central y el regional; ni siquiera puede imputarse al calor del estío, que este año. aquí, casi no se nota.
Claro que, seguramente por lo de Murphy, hay aún algo peor que el giro del CES a la complacencia: el hecho de que apoye la conclusión en datos superferolíticos. Y entre los que, además, ni uno sólo de los que se refieren a Galicia permite deducir en serio eso de que el temporal amaina. A no ser que, como otros, el Consello haga juegos de palabras y llame positivo a lo que no es catastrófico. O, dicho de otro modo, que se una al coro de "Funcas", que desde la angustia por mejorar la imagen financiera y que no se derrumbe aún más la confianza, transforma una caída en picado en simple descenso en paracaídas. Hosanna.
En fin, que -dicho sin acritud- cada día parece más evidente el alejamiento entre los gurús de la economía y la calle misma. Por eso, y dada la velocidad con que se separan, se formulaba aquel deseo, extensible a los políticos, en el sentido de que lo mejor que podrían hacer seria darse lo que se llamó un "baño de pueblo" para entender de verdad hasta dónde llega el temporal, cuánto hace que sopla y cuáles son los efectos reales que causa en la gente.
¿Eh...?