A estas alturas, y después de todo lo que se ha dicho sobre el poco peso de Galicia en los asuntos del Estado -incluyendo los que le conciernen de modo directo- no se entiende muy bien por qué no están ya manos a la obra, quienes deben, en poner los medios para remediarlo cuanto se pueda. Y no sirve de excusa lo del verano y su impasse porque el tiempo vuela y además lo hace en contra de los intereses de este país.
La mayor parte de los observadores -al menos quienes no están en la fase adulatoria hacia la nueva Xunta- ha coincidido en señalar que un nuevo Estatuto le daría a este antiguo Reino, si no más peso, al menos mayor capacidad para competir. Sobre todo en el campo de lo financiero donde, a la hora de la verdad, como ha quedado demostrado en el sudoku de la señora Salgado, el que tiene un asidero estatutario para reclamar sale mejor parado que el que no lo tiene.
En ese sentido ha sido especialmente valiosa la iniciativa del secretario general del PSdeG al proponer que se saque este asunto de la nevera y se pongan los Grupos Parlamentarios a ello cuanto antes. Sobre todo para aprovechar la calma -que no la vacación- que el verano suele proporcionar a determinadas cuestiones complicadas y que se preparan, o se desbrozan -tanto monta, monta tanto-, en cenáculos o merenderos repartidos por el país.
Las cuestiones complicadas y, por supuesto, las urgentes; esas que no deben esperar otro trimestre para retomarse porque, en el caso del Estatuto y de ser así, significaría otro año como mínimo. En las Cortes Generales hay una lista de espera para este tipo de asuntos, y el que llega antes sale despachado; sobre todo si accede con un respaldo de origen que, reflejado en votos, suman mayorías cualificadas que no precisan demasiadas discusiones.
La urgencia, pues, resulta evidente, y la necesidad también a poco que se reflexione. Si se considera que el sistema de financiación autonómica ahora aprobado es para varios años, y que en cada uno de ellos variarán los porcentajes, disponer de un Estatuto que -como el catalán o el valenciano- prevea y prevenga márgenes de confort es indispensable. Sobre todo si se piensa en el interés general para el futuro, que a veces no está tan lejos como se piensa.
La iniciativa del PSOE no fue bien acogida por el PP ni por el Bloque y eso, de confirmarse, sería un gesto miope, por no decir un error egoísta. Y ojalá que el señor presidente Feijóo no la incluya en su ya extenso catálogo de asuntos a aplazar.
¿No...?