Ante tanta calle en obras se impone el carril-moto
Tal como está la ciudad, cuesta trabajo saber si el camarada Calviño ha cumplido su promesa de habilitar aparcaderos de motos a go-gó, pero lo que nadie le puede negar es el mérito de haber creado el carril-moto.
Y es que con tanta calle en obras y tanto cambio de dirección y sentido de la circulación, son muchos los usuarios de scooters y amotos que ante las nuevas señales de prohibición tiran por la calle del medio, es decir, por la acera como si tal cosa. Lo que sea ante de pegarse el rodeo obligatorio para el resto de los sufridos motorizados.
Y la mayor parte de ellos lo hacen a lo grande, sorteando peatones y lo que haga falta, nada de ir al paso o en plan disimulo, haciendo que buscan estacionamiento o un vado para acceder a la calzada...
De plazas emblemáticas a depósitos de material
Tienen las dos plazas emblemáticas del Casco Vello convertidas en un guirigay. La de La Constitución, nuestra plaza mayor, es ahora un aparcamiento de chimpines y demás material móvil, con casetas de obra y rodeado todo por vallas para completar el despiporre.
Y la de La Princesa es una especie de almacén de piedra donde resulta imposible encontrar un espacio mínimo para circular con normalidad.
Debe ser que se trata de molestar lo más posible para que se note que estamos de obras.