Con el tiempo, el Camelot kennedyano se parece más al legendario. De la corte del Rey Arturo sabemos por el cine, que ofrece una versión moralizante propia del género, gran custodio hoy de la moral. La versión de las fuentes literarias medievales es mucho más depravada, en cuanto a crueldad, traiciones y malas costumbres, aunque la literatura cumplía entonces la función moral del cine, y hay que pensar que los hechos remotos serían aún menos presentables. Por eso que John Kennedy quisiera matar a Castro mediante una estilográfica con una aguja envenenada, o que la mafia americana ayudara en su campaña, van a tono con el espíritu de Camelot. Para el buen correlato de John con Arturo faltaba la traición de su esposa Jackie (Ginebra), razón por la que es bienvenida la versión de un reciente libro, que al parecer cuenta el romance de Jackie con su cuñado Robert Kennedy (Lancelot).