La visita de Obama a Moscú parece haber servido para dos cosas importantes. De una parte, devolverle a Rusia el tratamiento retórico de "gran potencia". Y, de otra, tratar con las autoridades rusas sobre la reducción del arsenal nuclear de ambos países y sobre la posible retirada del polémico proyecto de Bush de construir en territorio europeo un escudo anti-misiles. Además de eso, dio ocasión a varios comentaristas a recordar la guerra fría, aquel periodo de confrontación y amenazas recíprocas permanentes que duró tantos años. Tantos como van entre el fin de la segunda Guerra Mundial y la desaparición de la Unión Soviética, mediante un pacto muy beneficioso (para ellos, claro) entre altos dirigentes comunistas y jefes mafiosos. Formar una oligarquía financiera de nuevo cuño y consolidar, al mismo tiempo, un sistema político verdaderamente democrático, son dos procesos muy complicados y en Rusia caminó a más velocidad el primer propósito que el segundo. Hubo periodos de gran turbulencia social, latrocinio a gran escala de las riquezas naturales, e intromisión de intereses extranjeros, pero, al final, parece que, en torno al personal de los antiguos servicios secretos, una parte del ejercito, la iglesia ortodoxa y el grupo más patriótico de los mafiosos (los mafiosos adoran a la patria y a la familia), se fue afirmando una columna vertebral política que ha permitido poner en pie al país. Eso sí, con algún toque genial de manipulación sentimental de las masas como fue la recuperación del antiguo himno nacional soviético, una pieza sinfónica muy hermosa, emotiva y solemne. Las revoluciones populares (véase sino el caso de La Marsellesa) producen momentos de gran inspiración musical. Al margen de todo ello, la llamada guerra fría fue un periodo enloquecido en el que se produjo una brutal acumulación de armamento atómico, absolutamente inútil desde el punto de vista estratégico-militar, por cuanto las dos potencias confrontadas tenían poder para destruirse la una a la otra y, de paso, al resto de la humanidad, sin sacar de ello ninguna ventaja Y todo para, supuestamente, defender la bondad de sus respectivos, e imperfectos, sistemas de organización política y económica. ¿Cabe mayor estupidez? En realidad, la guerra fría - como muy bien expresó un secretario de Estado norteamericano de la época de Truman - fue un pretexto para desarrollar una "economía de guerra permanente", es decir una economía basada en el gasto militar para combatir a un enemigo siempre al acecho.
Al desaparecer la Unión Soviética, la guerra fría fue sustituida por la "guerra duradera contra el terrorismo" y contra ese señor misterioso, de turbante, que vive oculto en una cueva de Asia. Hasta que se descubrió que el verdadero enemigo a combatir era "el enemigo interior", el que habita en Wall Street y dispara pagarés falsos.