Una de las principales virtudes -y a veces, la verdad, diríase que la única- de las entrevistas entre líderes políticos es que se producen, o sea, que permiten que los asistentes se miren a la cara sin el factor escénico y puedan por tanto hablar con la libertad que da la ausencia de testigos incómodos. Al terminar, y ya ante los media, cada uno cuenta su versión, pero si no hay desacuerdo confeso, lo esencial quedó cocinado antes o pendiente de un hervor.
En ese sentido, el encuentro de ayer entre los señores Núñez y Vázquez tiene, de salida, la virtud de haber sido, e incluso, al menos en apariencia, la de que sirvió para fijar criterios en una materia clave como la financiación autonómica. Y sobre todo uno: que Galicia no se va a levantar de la mesa de la negociación mientras haya posibilidad de acuerdo; lo que conviene aclarar cuanto antes es qué ocurrirá si fracasa, porque la oferta del gobierno no satisface la postura de este país, que es la de su Parlamento.
Expuesto en román paladino: que no estaría de más saber con qué camiseta jugará -una expresión que empleo don Manuel hace poco- el socialismo gallego. Su secretario general habló ayer de que se trata de un asunto entre Comunidades y no entre Partidos, y eso es verdad, pero se puede interpretar así o también como un pretexto para criticar a la Xunta por un posible desencuentro con las tesis del gobierno central, que hoy por hoy suenan a muy poco favorables para los intereses generales de este país. Algo que sería desleal con la Institución y con el presidente.
Algunos observadores, quizá escorados a estribor, le han reclamado ya al PSdeG que en esto juegue un papel diferente al dócil que mostró para con la actitud de Madrid en un tema tan importante como el del AVE. Y que vaya más allá de la fe en las palabras, por bien que suenen, para fijarse en los hechos y sobre todo en las omisiones. Que otro gallo le hubiese cantado a este viejo Reino si todos, aquí, le hubiesen echado al asunto lo que todos decían tener en abundancia.
Claro que, en esto como en las riñas, dos -o más- no acuerdan si uno no quiere, y la Xunta debe hacer lo suyo. Primero usando la camiseta gallega y no la del PP y, por tanto, no agudizando litigios porque pudieran convenirle a la estrategia estatal del señor Rajoy, como sospechan algunos aquí. Y, segundo, respetando don Alberto Núñez lo que el Parlamento le encargó, sin añadir elementos nuevos que más parecen ocurrencias cara a los media que propuestas bien meditadas.
¿O no?