El cese de Alberto Saiz como director del Centro Nacional de Inteligencia (servicios secretos del Estado para entendernos) ha dado lugar a bastante polémica en los medios de comunicación. Saiz, un ingeniero agrónomo sin experiencia previa en asuntos de espionaje, había cumplido los cinco años de su mandato reglamentario, pero aún no hacia dos meses que acababa de ser confirmado en el cargo. Después de eso, nada hacía prever una fulminante caída en desgracia, pero una campaña de revelaciones periodísticas en el diario El Mundo sobre supuestas irregularidades en la institución que dirigía, le empujaron a la dimisión.Sobre las razones de su marcha se dan varias versiones, aunque imagino que las verdaderas causas tardarán en salir a superficie, si es que lo hacen algún día. En unos medios se apunta a una rivalidad encubierta entre la vicepresidenta primera del Gobierno y la ministra de Defensa. En otros, a una venganza desde dentro del CNI por personas que se pudieron haberse sentido perjudicadas por Saiz y entregaron información a El Mundo, periódico que siempre se mueve en las aguas turbias de las denuncias políticas bajo cuerda. Entre ellas pudiera estar (según apuntan algunos) el teniente general retirado Andrés Casinello, que estaba indignado por el hecho de que Saiz hubiese cesado a un hijo suyo como directivo del CNI tras una información aparecida en el ABC en la que se le atribuía responsabilidad en la muerte de dos militares españoles en Afganistán. El general Casinello es un hombre de larga experiencia en los entresijos del espionaje. Durante el régimen franquista, estuvo adscrito a los servicios secretos que dirigía Carrero Blanco. En la Transición, entre otras misiones, participó en las conversaciones secretas para traer del exilio como presidente de la Generalitat de Cataluña a Tarradellas. También con Suárez fue director del CESID y jefe de Información de la Guardia Civil durante el intento de golpe de estado del 23 F; acción, por cierto, protagonizada principalmente por guardias civiles. Hablo de todas estas cosas en un conocido bar de Carballo donde predomina el escepticismo sobre las versiones que da la prensa acerca del cese de Saiz. "Si todo lo que dicen -comenta un tertuliano- es tan cierto como la acusación de que se valía de personal del CNI para aprovisionarse de patatas para su consumo, no podemos creernos nada. Aquí, todos sabemos que las patatas se las proporcionaba la familia de su mujer, que es de Carballo. Y si tenemos en cuenta la calidad de las patatas de Bergantiños, las mejores del mundo, a nadie le puede extrañar que quisiera guardarlas en lugar seguro. Hay que ponerlas a cubierto del espionaje enemigo para que no nos arruinen la cosecha con algún agente infeccioso. Es un asunto de Estado" .