Al héroe no se le permite tener una muerte cualquiera. En realidad, cuando el héroe supera la edad de las muertes gloriosas (un tercio de siglo, más o menos), la suerte está echada: tendrá una muerte humana. La principal característica del mundo de hoy, y de Jackson, es que, como su deidad única es la juventud, y todo lo que no venga de ella es inservible, nadie sabe envejecer. Occidente es la estirpe de los adoradores de la puesta o caída del sol, pero la gente de esa estirpe ya no sabe gozar de los atardeceres. Al cadáver de Michael Jackson puede que le sigan haciendo autopsias, hasta dar con una causa gloriosa de su muerte, o sea, lo bastante maldita, por ejemplo un exceso, un pecado de hybris. Es muy duro admitir la que quizá sea la terrible verdad: que el héroe era ya un hombre de cierta edad, había cumplido los 50 y debía bajar el ritmo, pues a esa edad hay que cuidarse.