Así que, vistos algunos de los acuerdos adoptados en el Consello de la Xunta, y a la espera de que se conozcan más a fondo, parece que por fin se ha decidido el equipo del señor Núñez Feijóo a lo que se le pedía: cambiar los mensajes, mirar hacia adelante y fijar velocidad de crucero en la ejecución de su programa. Algo que ya se echaba de menos en un país que necesita sobre todo estímulo para aprovechar su potencial incluso en crisis.
En todo caso, y sin ánimo de incordiar, parece conveniente una referencia al proyecto que para su propio Plan de Vivienda despachó el Ejecutivo autonómico. Un proyecto, a negociar con el Estado y el sector privado, que aparenta bien, pero que parecería aún mejor si no hubiese en él bastante de lo que los franceses dicen dejà vû y muy poco de recursos económicos contantes y sonantes en las faltriqueras de las partes.
Conste que lo que se deja dicho no es especulación: en la misma onda se mueven representantes de los particulares de los sectores de la construcción o el inmobiliario y que se preguntan de dónde saldrán los más de dos mil millones que les corresponden sobre los seis mil del total. Y que, dado cómo están las cosas, no podrán habilitar ni mediante una sucesión de milagros en los santuarios más afamados, según expusieron, en público, varios de sus portavoces.
Pero hay algo más: las grandes cifras que maneja esta Xunta se parecen mucho a las que publicó como objetivos -con evidente fracaso- la anterior. Y, como entonces, la clave no está en decir que se quieren crear cuarenta mil puestos de trabajo o construir millares de viviendas para la venta o alquiler, que eso no hay quien lo discuta en serio; el quid consiste en hacerlo, o al menos en aproximarse. Porque eso es lo que proporciona credibilidad y, por lo tanto, también confianza.
Item más, y a quien pueda interesar: el hecho mismo de que cada gobierno elabore un plan cuatrienal de vivienda es prueba de que no se ha cumplido ninguno porque todos ellos prevén esto y aquello y, a la vista de que la población gallega no crece, las previsiones se originan en la obviedad de que nadie dejó las cosas encauzadas con anterioridad. De ahí precisamente que empiecen una andadura o busquen asentar el despegue de una gestión en este tipo de proclamas , táctica que no acaba de convencer a casi nadie; excepción hecha de los incondicionales.
Expuesto todo ello, como siempre, desde la lealtad, que navajeros ya hay bastante.
¿No?