Un conocido mío, que escucha de vez en cuando un programa matinal de la cadena de emisoras de los señores obispos, me cuenta, entre divertido y asombrado, los cambios espectaculares que se han producido en la línea informativa del mismo a raíz del anuncio de la rescisión de contrato al locutor que todavía lo dirige. El citado locutor ("locutor estrella" le llaman en algunos medios para compararlo con los magistrados que brillan en el firmamento de nuestra justicia) venía sosteniendo, desde hace varios años, la teoría de que el atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid, a tres días de celebrarse unas elecciones generales, había sido obra de ETA, aunque una conspiración siniestra fraguada desde la oposición permitió echarle la culpa a terroristas islamistas y hacer que el PP perdiera el gobierno al establecer los votantes de izquierdas un nexo causal entre el suceso y la participación española en la guerra de Irak. Según esa curiosa teoría, los autores de la conspiración habían sido el dirigente socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, la cadena SER, unos policías corruptos, y unos agitadores profesionales que empujaron a las turbas contra las sedes del partido entonces gobernante. El presidente Aznar fue engañado, al ministro del Interior, señor Acebes, se le mostraron pruebas falsas, y a la población en general se le hizo tragar una mentira infame gracias al dominio abrumador de los medios por parte de los conspiradores. Nadie explicó cómo era posible que tanta gente pudiera ponerse de acuerdo en tan poco tiempo a partir de un suceso imprevisto (salvo que también fueran instigadores de la acción terrorista), pero eso no arredró al "locutor estrella" y a sus colaboradores habituales, entre ellos el director de un conocido periódico madrileño, famoso por sus investigaciones escandalosas. Por desgracia, a los conspiradores iniciales se unieron después los jueces, fiscales, testigos y peritos de un juicio-farsa y fueron condenados como autores del atentado unos desgraciados sin oficio ni beneficio. Esta versión ha venido siendo machaconamente sostenida en el programa matinal de la cadena de los señores obispos durante todos estos años pero, sorprendentemente, y a raíz del anuncio de la rescisión del contrato al locutor, la tesis de fondo ha variado. Ahora, con la excusa de unos análisis extrajudiciales al explosivo empleado, lo que se afirma es que los autores del atentado no fueron ni ETA ni los pobres diablos condenados ( los "moritos" les llaman) sino otros todavía desconocidos que permanecen ocultos en la sombra. Todo es posible, aunque parece difícil que lleguemos a saber quiénes son. Es peligroso tirar de algunos hilos.