En la ciudad donde resido, la gente está muy contenta porque la UNESCO ha declarado "patrimonio de la humanidad" a un antiguo faro romano, que data de la época de Trajano, o de la de Claudio, asunto que aún está en discusión entre los eruditos. La estructura primitiva fue revestida en piedra durante el siglo XVIII por el arquitecto Eustaquio Giannini, en una forma parecida a lo que se hace con las muñecas rusas, y ésa es la imagen que ha llegado hasta nuestros días. Habitualmente, se la denomina torre, o faro, de Hércules, porque la leyenda le atribuye su construcción al famoso héroe mitológico, del que se dice que llegó hasta este rincón del mundo para matar a un gigante llamado Gerión al final de un duelo feroz que duró varias jornadas. No obstante, don Ramón Otero Pedrayo sugirió que - puestos a escoger un pasado legendario distinto -el faro debería de haberse llamado de Breogán, en recuerdo del líder céltico al que se atribuye el descubrimiento y repoblación de Irlanda, partiendo de estas costas. Sea lo que fuere, el monumento es un emblema característico de la ciudad, y una referencia turística imprescindible, cuya imagen se reproduce por miles en postales, camisetas y otros objetos de recuerdo, incluido el escudo oficial de la urbe, desde 1521. Así pues, la gente está muy contenta y las autoridades municipales desbordan los pantalones de satisfacción como si el mérito hubiera sido exclusivamente suyo y no de los romanos, ni del rey Carlos III, ni de los beneméritos ciudadanos que lucharon por conseguir ese galardón, incluidos entre ellos el ex ministro de Cultura, César Antonio Molina, y la ex conselleira de Cultura de la Xunta, Angela Bugallo. Lo cierto es que, la torre de Hércules, o de Breogán, fue maltratada por los sucesivos ayuntamientos de la ciudad que autorizaron la construcción de edificios horribles que tapan su visión incluso desde el paseo situado justo enfrente, al otro lado de la bahía. El alcalde anterior, que pretendía consentir la edificación en un solar inmediato, llegó a decir que la torre se vería desde donde había que verla. Es decir, al pie mismo del monumento, o desde el mar a bordo de un barco. Desconozco si esa condición de "patrimonio de la humanidad" impondrá un cierto respeto, o alguna clase de limitación legal, en el desarrollo urbanístico lamentable que padecemos. En cualquier caso, hay que reseñar que un solo monumento del pasado no nos redime de una nefanda practica constructiva, ni puede servir tampoco de excusa para que el expolio continúe. Al fin y al cabo, sólo la torre construida por los romanos , y reformada por Giannini, ha sido declarada como "patrimonio de la humanidad". Del resto de la ciudad no se dice nada.