Así que, sin ánimo de incordiar y menos aún de faltarle al respeto al señor secretario general del PSdeG, podría decirse que en el terreno de las finanzas autonómicas, y con amigos como él, a don Alberto Núñez Feijóo no le hacen falta enemigos. Porque tiene miga eso de don Manuel -Pachi- Vázquez de manifestarle apoyo en la venidera negociación con el PSOE para que, más o menos, Galicia se quede como hasta ahora.
Los vigías de la banda de babor podrían replicar a lo que queda dicho recordando que fue el propio señor presidente de la Xunta quien manejó la hipótesis de mantener el status quo y que por eso lo que ayer mismo reclamó el líder socialista -un 7,1 para Galicia en el porcentaje de reparto- era un avance en positivo. Ma non troppo, porque si se mira bien equivale a estar más o menos en lo que ya se tiene ahora.
No habrá de extrañarle pues a su señoría el jefe de la oposición que muchos digan a su propuesta que para ese viaje sobraban las alforjas de la iniciativa que el PSdeG presentó y respaldaron tanto el PP como el Bloque. Si algo necesita este país ahora mismo es una dosis de osadía -porque fortuna audaces iuvat, que para retroceder siempre hay tiempo-, y la propuesta del ex conselleiro no sólo queda lejos de esas cotas, sino que roza, por abajo, las de una acusada timidez.
En todo caso, don Manuel Vázquez se ha reservado los detalles para un debate en la Diputación Permanente de la Cámara antes de que se discuta en Madrid el nuevo modelo de financiación. Habrá que esperar pues para averiguar con qué camiseta juega, si con la del PSOE -al que le conviene que sus barones cierren filas tras el Gobierno central- o la de Galicia, que no se puede conformar con un empate aunque sea de varios goles.
Por cierto que, en este punto y ya puestos, convendría preguntarle a los ilustres miembros del Parlamento de Galicia si no les da palo tomarse las vacaciones a partir de mañana mismo, cuando apenas llevan dos meses y poco en el cargo y hay pendientes, aparte de este de la financiación, otros varios asuntos clave para la sociedad a la que dicen servir. Sólo el portavoz del B NG pidió que se prorrogase el período de sesiones, pero fue clamar en el desierto; porca miseria.
(Una sensibilidad así merecería, por ejemplo, la visita de los obreros pontevedreses del metal que viajaron a pie a Santiago para concentrarse ante la sede del poder Ejecutivo. Quizá necesite también, el Legislativo, que le sacudan la conciencia.
¿No...?)