Pues la verdad es que, vistas las fotos del evento, y oídos los que en ellas aparecen, pocos dudarían aquí que la cumbre madrileña de los señores Feijóo y Blanco hará que se recuerde el día de San Juan de 2009 como la fecha en la que Galicia entró en la modernidad. Porque ahí es nada: uno pidiendo y el otro otorgando, despacharon lo que llevaba cuarenta años -o más- atascado: el pago de la deuda histórica en lo que a infraestructuras respecta.
Así las cosas, lo primero que procede es alegrarse y lo segundo felicitar a quienes tal cosa lograron. Al señor ministro Blanco por su buen sentido del Estado y a don Alberto Núñez, presidente de la Xunta, por su tenacidad en reclamar por escrito fechas de construcción y cifras de inversión. Y es que de lo otro, de buenas intenciones, está enlosado el camino que lleva al infierno.
En términos ciudadanos por lo tanto la valoración ha de ser positiva y la felicitación conjunta. Cierto que, desde la política, es probable que quienes están fuera de foco aleguen dudas y desconfianza -lógicas a la vista de los precedentes- y los protagonistas se atribuyan la mayor parte de los méritos, pero esa será una fase pasajera y después se volverá a lo que de verdad importa, que no es otra cosa que el seguimiento de lo acordado en cuanto al ritmo del proceso y al control de las inversiones necesarias, que parecen suficientes y en todo caso -éstas sí- son históricas.
Por cierto que en este punto, y sin ánimo de fastidiar la fiesta, procede una reflexión sobre la poca idoneidad del modo de control que los señores Feijóo y Blanco pactaron, y que consiste en una reunión anual a modo de repaso. Resulta demasiado personal y aunque puede parecer útil, sólo debiera complementar al seguimiento institucional por el Parlamento, que es lo que permanece más allá de las personas y blinda los acuerdos frente a los posibles reajustes de gobierno.
Expuesto lo anterior y reiterado el aplauso para los méritos de don Alberto y don José, habrá que dejar para otro día la relación de asuntos ausentes, a falta de más detalles, en los acuerdos firmados. Uno, importante para muchos gallegos, es la que se refiere a las cercanías ferroviarias; y eso es algo a lo que no se puede renunciar ni debiera ser aplazado; por su efecto social en materia de transporte y vertebrados en lo que se refiere al país como tal.
Y una cosa más: los acuerdos debieran permitir que este país deje ya los debates sobre el AVE y dedique, por fin, todo su esfuerzo a otras cuestiones.
¿No...?