Así que, llegado el día y prestos como parecen los señores presidente y ministro -de la Xunta y de Fomento- a bailar en la romería del AVE, quizá no esté de más indicar la conveniencia de alguna precaución. Y no tanto porque puedan esperarse, de la danza, efectos colaterales negativos, sino, sobre todo, para asegurar cuantos debiera haber positivos, que ya va siendo hora de que se vean.
Sus señorías, ambos gallegos y por lo tanto al cabo de la calle de cuanto ha ocurrido aquí en los últimos meses, entenderán mejor que otros la relativa desconfianza que late en esa petición de precauciones. Sobre todo para las que corresponden a don Alberto Núñez, que no ha demasiado vio como se las gastan en Madrid con quienes tienen poco peso en diputados y, encima, color diferente al rojo. Porque no debiera olvidar que apenas un día después de que a él sólo le recitasen un verso financiero, a Cataluña le cuantificaron deudas y unas horas más tarde a Andalucía se las pagaron. Punto.
Es muy probable que, como dicen los optimistas, con el señor Blanco López las cosas resulten distintas siquiera al nivel de la dialéctica. Aunque el señor ministro de Fomento ya no es el que era nada más llegar al cargo -que todo el que iba a su despacho se llevaba alguna cosa, infraestructuralmente hablando-, tampoco el que se inventaba lo del 2012, y sabe la importancia que tiene para su tierra las inversiones que se le pedirán, y por tanto no debiera negarse a tratar el asunto mucho más en serio.
Ocurre, y a ello deberá aplicarse el jefe del Ejecutivo autonómico, que sabe bien que la precaución que se recomienda no sólo ha de extenderse a las inversiones, sino también a los plazos y a la credulidad en la excesiva propaganda, como la del ministro prometiendo AVE para Galicia, no ya a pares, sino a tríos. Por un motivo evidente; que las obras públicas que se proyectan acaban terminándose es un hecho, pero para que cumplan sus objetivos como se pensaron es vital hacerlo a tiempo y con dinero. Y aunque soñar con Monforte-León, Ourense-Santiago y la entrada sur por Cerdedo es gratis, ejecutar los proyectos requiere una inversión para la que hoy por hoy no hay previsiones.
El señor Núñez Feijóo, que lo sabe, habrá de estar especialmente atento para que el humo de algunos proyectos no ciegue sus ojos. Y aunque no debe hacer lo que otros hicieron -el PSOE en especial- cuando el PP elaboró planes audaces, tampoco confiar demasiado en las buenas palabras.
¿Eh...?