El periodista catalán Enric Juliana ha escrito un libro con un título sugerente y un tanto equívoco:"La deriva de España.Geografía de un país vigoroso y desorientado". Cualquier lector distraído podría deducir que el contenido del texto pudiera versar sobre una nación que navegase a la deriva, con riesgo de naufragio inminente, pero esa no es la tesis del autor. Muy al contrario. Juliana es optimista sobre el futuro aunque no por ello deja de señalar algunos aspectos inquietantes en el carácter hispano, tales como la agresividad, el fanatismo y la intolerancia. Al respecto, cita dos opiniones de peso. La del francés Stendhal, según el cual "todo es africano en España, desde la sangre y la costumbre hasta el modo de vivir y de combatir. Si el español fuera mahometano –concluye– sería un africano completo". Y la del portugués Fernando Pessoa, para quien el fanatismo católico inquisitorial es una lamentable herencia del fanatismo religioso árabe, una vez culminada la decadencia de su notable impulso civilizador. Se puede estar o no de acuerdo con estas dos visiones foráneas de la realidad nacional, pero vienen a coincidir en lo sustancial con otra del escritor catalán Joseph Pla, que describió a España como un país de "odios africanos y de onanístas furiosos" . Y oyendo lo que sale al aire desde las antenas de alguna emisora católica, no hay más remedio que reconocer que ninguno de los tres autores exagera demasiado. No es este el lugar para hacer una crítica detenida del libro de Enric Juliana, que tiene el interés especial de analizar la vida política española territorio por territorio, sin ceñirse a los límites geográficos de provincias y comunidades autónomas. Por ejemplo, el territorio del Noroeste, que incluye Galicia, Asturias, León, Palencia, Zamora y Salamanca, es aludido como "el verdadero Sur", en el sentido de que se trata de la zona que ofrece los índices más altos de pobreza, despoblación, y envejecimiento. De todas esas provincias, la identidad más fuerte corresponde a Galicia, donde manda un sentimiento que se llama "galleguismo". El galleguismo, según Juliana, es una regionalismo fuerte basado en un impulso moral y psicológico que se pelea con una antigua humillación, tal y como la reflejó amargamente Rosalía de Castro en varios de sus poemas. "De vivir hoy –escribe– Rosalía sería calificada como separatista por los intelectuales del neo-unitarismo español". La visión del galleguismo político que tiene Juliana no gustará a muchos, pero él lo describe como un movimiento amplio,"forjado en el interior de la hornacina regionalista fabricada por Fraga", del que participan, con diversos matices, el PP, el PSOE y el BNG. Sus características principales son: un fuerte intervensionismo de la administración regional y de las diputaciones en la vida pública, el mantenimiento de una densa red de clientelismo rural y el manejo del voto inmigrante. Del gobierno bipartito dice que nunca tuvo la intención de construir otro galleguismo y otra Galicia. Al BNG lo ve evolucionar en los próximos años hacia un mayor centrismo. Y al PSG lo supone vigilado a distancia desde la calle Feraz por el lucense José Blanco.