Sólo uno de cada siete vascos considera el terrorismo el mayor problema de Euskadi. A la vista de lo cual el mayor problema ya no es el terrorismo, sino el que seis de cada siete vascos no considere que el terrorismo es el mayor problema de Euskadi. Ese conformismo con una realidad social y política cruzada de lado a lado por el terrorismo, esa aceptación como normal (o «no tan grave»), del miedo como forma de vida de una parte de la población, ese seguir jugando la partida mientras muchos se juegan la vida por no someterse, esa visión alterada de las cosas es, creo que de forma objetiva, el más grave problema de Euskadi.
Un pueblo tan espléndido como el vasco debería ser capaz de recuperar la percepción del mal que parece haber perdido. Sólo cuando eso ocurra será legítimo el independentismo, sólo cuando haya sacado el miedo del cuerpo de Euskadi podrá medirse como opción democrática.