En contra de lo que aconsejaba San Agustín –¿o era Ignacio de Loyola?–, cada vez queda más claro que en estos tiempos de zozobra que vivimos habrá que hacer algún que otro cambio. Y no me refiero a los que se limitan a lavarle la cara al drama: la sensación de que estamos viviendo el final de una era se acentúa a medida que pasan los meses y la crisis continúa sin enseñarnos esa luz que dicen que existe al final de todo túnel. Los síntomas mínimos de recuperación se limitan a algún que otro repunte en las Bolsas pero el indicio peor, el del paro, continúa su descenso a los infiernos. Que algo cambie, por favor, y que cambie cuanto antes.
Pero, ¿qué podríamos cambiar? Brasil, China y la India parecen haber recibido con alborozo la idea del líder ruso de reunir a los cuatro países –el club BRIC– bajo la etiqueta de "emergentes". No queda demasiado claro ni en qué emergen ni dónde llevará ese tránsito pero, entretanto nos aclaramos, el consorcio de los cuatro ha reclamado una voz mayor en los organismos internacionales que controlan (es un decir) los aconteceres monetarios. Con la economía hecha unos zorros, el mundo del dólar como divisa de referencia ya no sirve, y el euro, con la cohorte de indecisos y contradictorios países que lo tienen como moneda, no da para grandes esperanzas. Así que el club BRIC busca una alternativa. Si ésta resulta ser el patrón oro, estaremos llevando a cabo un hermoso reconocimiento a un mundo que se dice desarrollado –aunque sea en grado de emergencia– pero continúa usando piedras para el trueque. Y si aparece otra cosa que no sea ni el mineral de oro, ni el dólar, ni el euro, ¿en qué podrá consistir?
Por fortuna esas cavilaciones tan estratégicas, tan sesudas y tan emergentes pertenecen al terreno de la nada en aquello que en verdad nos importa a los ciudadanos: lo que va a suceder con nuestras pensiones, nuestros ahorros y nuestros empleos en los próximos años. Sería de una ingenuidad conmovedora creer que porque los presidentes ruso, chino, brasileño e indio cuelen alguna que otra frase en el guirigay de los próceres de siempre van a producirse mejoras en los contratos basura, o tratos de favor en las hipotecas, o la recuperación de los dineros que, ingenuos de nosotros, metimos en los planes de pensión. De hecho, cada vez que ha aparecido una alternativa, ya sea de edad, sexo o condición étnica, con el objetivo de cambiar las cosas en la política, lo único que han hecho sus protagonistas es incorporarse a toda máquina al flujo de lo ya conocido de antemano, a los usos viciados y al ordeno y mando. Igual es que lo emergente sólo aprovecha a quienes emergen de verdad, que son los líderes a quienes se invita a las conferencias internacionales. O puede que, cuando los presidentes dicen cambio, el resto de los mortales suframos un efecto de déjà vu. Sea como fuere, que, la emergencia les aproveche a los del club BRIC –a Lula, Medvédev, Singh y Jintao– mientras dure. El resto de nosotros tendrá que esperar acontecimientos más tenaces.