A estas alturas, y a falta de más detalles que sin duda aportará don Alberto sobre su cita en la Moncloa, no parece a estas horas que pueda hablarse ni de un éxito extraordinario ni de un fracaso rotundo. Que, dicho sea de paso, era lo previsible; este tipo de entrevistas sirven para cuidar el protocolo, motivar alguna foto y enfocar unos cuantos asuntos, pero pocas dan para más, y la de ayer no fue una de ésas.
Es verdad que el señor presidente de la Xunta estuvo cauto en el primer balance y subrayó, tras dos horas de audiencia con don José Luis Rodríguez Zapatero, que "tras fijar las coordenadas, aún quedaba mucho por hacer", lo que quizá sea el modo diplomático de expresar ciertas reservas. Por ello -y por si acaso- hizo una referencia amable al asunto estrella de la reunión para el que llevaba el respaldo parlamentario, el de la futura financiación autonómica Pero mucho entusiasmo no hubo, conste.
Algunos observadores -ubicados en una banda, la de estribor, que recupera efectivos a medida que el Gobierno gallego va entrando en calor- han acogido con aplausos el somero balance que el señor Feijóo despachó tras la visita.
Seguramente dotados de ciencia infusa, han ido incluso más allá de la versión oficial de la Xunta y hablan de éxito, aunque por ahora no le colocan comillas ni le amplían explicación. Y como así hasta para ellos es difícil confirmar un veredicto no ha de extrañar que otros, más prudentes, esperen a eso que se dejó dicho de los detalles para formar una opinión.
Quienes dejaron notar en estas horas algunos nervios fueron las gentes de la oposición que quizá previendo -¿y temiendo?- que la cita tuviera un eco positivo se apresuraron, de una forma más bien patética, a colgarse las medallas antes de que se concedieran. El portavoz del PSOE recordó que el apoyo parlamentario con el que viajó don Alberto fuera iniciativa socialista y el del BNG, que en la agenda del jefe del Gobierno gallego aparecían temas ta reclamados por el nacionalismo. Habrá que esperar, también en esos casos, para ver qué pasa al final.
En este punto, y sin ánimo de estropearle la fiesta a nadie, conviene recordar un par de datos. El primero, que Andalucía ya sabe con qué cuenta en concepto de deuda histórica y que Cataluña lo tiene encarrilado. El segundo, que otras comunidades, con Estatuto reformado y reforzado en asuntos presupuestarios, salen con ventaja. Y en es aún nadie parece haberse fijado, a lo que parece.
¿Eh...?