Pardiez, Carradine, qué feo nos has hecho! Aparecer colgado dentro de un armario puede ser un final de cine pero más bien gore, un modo de ponerse fin impropio para quien llegó a nuestra descreída alma occidental como mensajero de una redención criental. A través de la pequeña pantalla, en aquellos años 70 en que teníamos la suerte de no hacer zapping porque la tele era solo una, Kung Fu llegó a ser un púlpito desde el que Oriente insuflaba su vieja sabiduría budista a un Occidente en que un tal Nietzsche había decretado la muerte de Dios y la gente no tenía más que la razón a mano. Aquel monje shaolín que entraba cada semana en nuestra casa, cuando la tele era un concilio familiar sin fisuras, nos dejó una siembra de ética, equilibrio, paciencia y saber que ahora pisotea este final vulgar, acordonado y metido dentro de un armario, aunque vete a saber si esto último fue su lección postrera a una muchedumbre empeñada en salir del suyo para alistarse como guerrilla gay en las batallas de la tele rosa, reputa reputada. Hoy si no has salido del armario estás arcaico, no eres nadie igual que si te mueres en Vigo y no sales en el FARO. Y el monje shaolín dijo: la verdad, mejor adentro, armarizados.
No digo que decidir marcharse fuera malo en un tipo que, envejeciendo hasta ahora con tanto aplomo, gusto y atractivo, no estaba dispuesto a pasar por la etapa de abuelo achacoso con el desgaste inexorable de los años. Yo sólo critico la manera. Carradine, Kwai Chang Kaine para kungfuadictos y demás “pequeños saltamontes”, decidió morir aún con la imagen fresca de tipo perseguido por Uma Thurman, que ya quisiera uno a esa edad aunque fuera en el cine de Tarantino. A mí el suicidio me parece coherente en un hombre al que una vez en los 70 oí decir, cuando iba de monje en la tele, una frase no sé si budista pero lapidaria: “Sólo le pertenezco a alguien: a mí mismo”. Dicho eso puedes hacer lo que quieras con tu vida siempre que no salpiques a otro con tu sangre. A ver si me explico por si acaso existe un lector joven, no entiende y lo confunde con Núñez Feijóo: Kwai Chang Caine fue en los 70 el antecedente culto de Tigre Wong en “Tigre y Dragón”, la última saga del cómic chino, que es un tipo que también lucha contra el crimen organizado y las mafias para vengar a su hermano pero ni dice frases sentenciosas ni enseña nada porque esto ya no se lleva. El monje shaolín, por ejemplo, decía: “El polvo de la verdad flota. Y se cuela por todas las rendijas”. Esto no lo entendería un adolescente actual salvo que lo oigan en el programa radiofónico que más admiración despierta hoy entre los de su edad, “Pónte la prueba”, de Europa FM, que lo diría de esta guisa: “Le echó un polvo que la hizo flotar. Y el sémen se coló por todas las rendijas de su cuerpo”. A algunos lectores les parecerá esto poco estético pero es es una nimiedad entre lo que se oye en este programa que cada noche tiene seguidores por arrobas en esa etapa del acné y el cuento.
Yo mismo me he quedado asombrado y sentado cuando descubrí tal programa ayer mismo, lo que tiene dos lecturas: por un lado, un triunfo para ellos porque consiguieron recuperar para la radio a quien no la oía seguido hace décadas; por otro lado, una derrota para mí al percibir mi baja catadura moral: me reía y refrescaba oir tales salvajadas contadas como si tal cosa porque rompían con todos los corsés de lo políticamente correcto para trabajar con la verdad desnuda de equipaje, fundamentalmente de tema sexual porque en eso abundaban los oyentes Pero díganme ustedes qué clase de sexo es uno que sea teresiano, remilgado, recto, implícito o transparente sino un sexo de mentirijillas y acartonado. Prefiero escuchar esta radio que llama al pene polla y a la felación chupada y que deja contar a un gay cómo se le puso morcillona cuando en un viaje en tren vio a un pavo con un armamento que le reventaba la entrepierna, que a Losantos proferir insultos cargados de violencia o a cualquier otro teorizando con la mesa camilla de Ramón Piñeiro.
A lo mejor Carradine, ya por la quinta esposa y por tanto con una vida sentimental nada budista, escuchó esta emisora. A lo mejor Carradine, que para nosotros fue con su morral siempre a punto para la partida el apóstol del vivir como aventureros, oyó un día este programa en el que decir “el polvo de la verdad flota” pone a la gente cachonduela, pendulona. Y, aterrorizado por el esfuerzo baldío de enseñar Oriente a Occidente, decidió poner fin a sus días. Es su derecho pero, ya digo, podía haber elegido otra manera.