Dos distintos y acaso distantes políticos de apellido Vázquez han pasado a dirigir la oposición en Galicia, inaugurando así una era vazquiana que le toma el relevo a la anterior dinastía de los Pérez. Efectivamente, al nuevo líder del partido socialdemócrata, Manuel (Patxi) Vázquez, acaba de unírsele este fin de semana el recién electo portavoz nacionalista Guillerme Vázquez.
Ya que no relevo generacional, al menos sí se ha producido un cambio onomástico en los dos partidos que gobernaron Galicia durante el último cuatrienio y ahora vuelven al purgatorio de la oposición con otros jefes.
Se rompe así una muy establecida tradición que durante largo tiempo asoció el poder con el apellido Pérez en Galicia. Aunque los propietarios del linaje fuesen más conocidos por su patronímico materno, lo cierto es que apellidarse Pérez parecía hasta ahora condición necesaria para el ejercicio del mando en este singular reino. Pérez (Touriño) era el anterior presidente de la Xunta, pero el caso más notable se dio en la alcaldía de Vigo. Hasta tres péreces distintos desempeñaron sucesivamente el cargo de alcalde en la ciudad más poblada de Galicia, donde al conservador Manuel Pérez le siguió el nacionalista Lois Pérez Castrillo que a su vez cedería el bastón de mando al independiente socialdemócrata Ventura Pérez Mariño.
Tan repetida coincidencia llevó a pensar a más de uno que, lejos de ser fruto del azar, el monopolio de los Pérez en puestos de caudillaje obedecía a razones dinásticas similares a las que otros tiempos fundaron el señorío de los Churruchaos, el de los Andrade, los Sotomayor, los Taboada y tantas otras sagas nobiliarias de este reino.
Bien es verdad que si en Vigo –y en la Xunta– reinó durante los últimos años el apellido Pérez, también en A Coruña imperó a lo largo de más de dos décadas un Vázquez. La diferencia reside, si acaso, en que los coruñeses votaban siempre al mismo Vázquez –el hiperalcalde Sir Paco–, mientras el Vigo fabril e industrioso cambiaba de alcalde y de partido como de camisa sin perder por ello su fidelidad al apellido Pérez.
Como lo bueno de las tradiciones es romperlas, los vigueses pusieron fin a la larga era de los péreces con la llegada de la alcaldesa Porro y el actual regidor Caballero, a la vez que los gallegos en general decidían sustituir a otro Pérez (Touriño) por un Núñez (Feijóo) en el trono del palacio de Rajoy.
Elevado Francisco Vázquez a más altas misiones ante el Papa, un inesperado albur de la Historia acaba de propiciar ahora la llegada de otros líderes del mismo apellido a la jefatura de dos de los tres partidos representados en el Parlamento de Galicia. Todavía es pronto, naturalmente, para saber si estamos ante el comienzo de una nueva época vazquista que predomine en el poder como en su día lo hizo la de los Pérez; pero al menos habrá que considerar la posibilidad de que así ocurra.
No conviene desdeñar, en cualquier caso, la fuerza de los apellidos. Hace ya más de un siglo que Óscar Wilde aludió en una célebre pieza teatral a “La importancia de llamarse Ernesto”, título equívoco que –según algunos– también podría traducirse del original inglés como “La importancia de ser un tipo serio”. Wilde no podía saberlo entonces, pero aun sin pretenderlo estaba teorizando sobre lo importante que a veces resulta apellidarse Pérez o Vázquez para hacer carrera política en un lugar tan dado a las sagas onomásticas como Galicia.
Cuestión diferente es que el cambio de apellidos vaya a suponer también una mudanza en la política del partido socialdemócrata y/o la del Bloque. Particularmente en el caso de este último, la experiencia sugiere que siempre manda el mismo y no se llama Pérez ni Vázquez. Y a juicio de los expertos, tampoco es seguro que el otro Vázquez mande del todo en los socialistas. Vaya lío este de los apellidos.
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