Así que, confirmado lo que casi todo el mundo temía -que los Presupuestos elaborados por el bipartito para este año fuesen irreales--, no parece que el mejor remedio sea la denuncia del PP o la disculpa de los antiguos socios. Y menos aún cuándo nadie sabe bien todavía cómo acabará el asunto o, para ser más exactos, en cuánto habrá de calcularse al final.
Ahora mismo, y más allá de la disputa sobre si ha de hablarse de agujero o de desfase -algo que no es banal, por cierto-, quizá lo más importante fuese determinar si el Gobierno saliente sabía lo que iba a pasar y lo ocultó por motivos electorales o sólo se equivocó a causa de que la crisis fue aún más deprisa y más hondo de lo que se podía prever en diciembre del año pasado.
(Tampoco es asunto menor determinar qué hizo y por qué el bipartito. Si fue un engaño premeditado cabe hablar de fraude político, y debe denunciarse como tal ante el Parlamento con pelos y señales, para que conste. Si se trata de un error, hay que reconocerlo por quien lo cometió y explicar o mejor que -como se hace- con aspavientos propios de jugador pillado en un renuncio.)
Dicho lo anterior, es preciso añadir algo en referencia a quien gobierna ahora. Primero para que no exagere lo que ocurre, porque ni es nuevo para él: de hecho ya denunció que habría desfase -entonces no habló de agujero- en el debate presupuestario y más tarde, en la campaña electoral, anunció que haría un reajuste si ganaba. Segundo, porque además de protestar por ello tendría que haber concretado con detalle qué piensa hacer y cómo podrá paliar la desfeita.
No ha de molestarse pues, el señor presidente Núñez Feijóo, porque se le diga que este Pleno parlamentario es una excelente oportunidad para cumplir los dos objetivos: denunciar el fraude si lo hubo y, sea eso o un error, el modo de afrontar sus consecuencias. Y, desde luego, en qué medida afectará el hecho de disponer de seiscientos millones menos -si no son muchos más de aquí a fin de año- al programa que preparó para sus primeros cien días de estancia en Monte Pío.
Así las cosas comprenderá su señoría, y el equipo que dirige, que haya muchos aquí que tengan prisa por saber a qué atenerse. Es tema éste, el económico, que ocupa y preocupa a sus señorías y además a cientos de empresas y miles de ciudadanos pendientes de sus negocios y de sus empleos. O sea, que se trata de las cosas de comer. Y ya tiene advertido el refrán que con ellas no se juega.
¿Eh...?