Pues la verdad es que, dicho con la mejor intención, alguien -debidamente autorizado, por supuesto- debería recordarle a la nueva dirección del PSdeG algunas de sus proclamas congresuales. Y no porque se hayan olvidado, que no ha transcurrido plazo bastante para ello, sino porque algo chirría y, o no se han entendido del todo entre quienes deberían aplicarlas -lo que no es bueno-, o no hay intención de hacerlo, lo que suena todavía peor.
Viene a cuento la observación de lo que parece consolidarse como método de oposición: el antiguo sistema de lanzar sobre el adversario insinuaciones, cuando no infundios con el objetivo de deteriorar su imagen y, de paso, hacer todo el daño colateral posible al partido en el que milita o al gobierno del que forma parte. Se ha visto primero con el conselleiro Hernández y ahora repiten con el de Presidencia.
La contradicción entre lo que se anunció y lo que se hace no sólo consiste en acudir a viejos procedimientos cuando se prometió dejarlos atrás, sino en alejarse de la realidad, y es un alejamiento en toda regla dedicar tiempo a escarbar en la letra de las normas para interpretarlas del peor modo posible. Porque, respetando otras opiniones, no se trata de plantear ilegalidades reales, sino de forzar apariencias cuya denuncia no busca reparar un daño -lo que sería justo, y necesario- sino provocarlo, o por lo menos hacer lo posible para fastidiar.
O sea que lo que se rescata es el ventilador, concebido por algunos políticos, no para renovar el aire viciado y proporcionar algún alivio, sino para revolver la merde y esparcirla de forma que todos parezcan igual de sucios. Una herramienta que padeció el propio PSOE en los años noventa y que en la última campaña electoral gallega se reactivó para uso general. Pero utilizarla ahora es absurdo porque en nada repara males ya hechos sino que causa otros, y contradictorio porque va contra el nuevo espíritu predicado en el PSdeG por Pachi.
Lo más probable -o casi seguro, porque otra cosa no sólo sería de villanos, sino de estúpidos- es que lo que se está afirmando sea una distorsión o una falsedad, pero en todo caso, si hubiera algo de cierto, el lugar para exigir que se investigue no es la prensa. Este tipo de oposición mediática, que ahora le gusta a algunos que hace pocos meses la maldecían, trastoca los papeles y es inútil. Algo que debería meditar don Manuel Vázquez, si es que le place, -naturalmente- a su señoría, que es quien tiene, en el PSdeG, la última palabra.
¿O no...?