Los maleteros franceses del aeropuerto de Orly no quieren manipular equipajes españoles porque dicen que aquí no se están tomando medidas suficientes contra la nueva gripe. Es una pijada más de las muchas relacionadas con esta pandemia informativa instantánea transmitida como tantos otros virus noticiosos de agenda ajena.
Se entiende la excitación científica ante un virus nuevo (hecho por dos partes de cerdo, una de humano y otra de ave, un ser mitológico que sumar a las arpías, al basilisco, al hipogrifo) pero no las inciertas proyecciones sobre si mutará y matará por millones o sólo aumentará ventas de pañuelos de celulosa y de esas mascarillas que nos aporcinan el hocico.
La directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, ha contribuido mucho al pánico pandémico con expresiones como "la humanidad está en peligro" y su contrario "el nivel seis de alerta no quiere decir que nos acerquemos al fin del mundo".
Aunque recibamos muchos minutos y páginas de información, la útil es escasa y no llega bien. Renace la porcofobia pese a que, salvo por motivos religiosos o hipercolesterolemia, se puede comer cerdo sin condenarse.
Enseñanzas. Una frustante: nunca la información, ni siquiera la precisa, borrará los prejuicios donde los haya ni sembrará conocimiento sobre la ignorancia. A pesar de ello, la comunicación actuará como medio de propagación, nunca como antivírico. Entre los hechos y las previsiones, siempre se antepondrán la previsiones para que la madre de cualquier enfermo pueda decir lo mismo que la del primero español: "cuando veo cómo se encuentra mi hijo estoy muy tranquila; cuando veo el telediario me entra el miedo".
Una práctica: antes de cualquier otra globalización funcionada la vírica. Es el momento de armonizar la prevención y la atención a la salud en el mundo de modo que consideremos dumping toda mercancía elaborada en países vendedores donde los trabajadores no tengan cobertura sanitaria equivalente a la de los compradores. Es proteccionista pero no para nuestros productos sino para la población de los países pobres.