editorial

El AVE a Galicia: no más engaños, no más dilaciones

FARO DE VIGO

 

El Ministerio de Fomento acaba de anunciar la modificación del trayecto de entrada del AVE a Galicia para que los trenes circulen a más de 300 kilómetros por hora y no a los 200 previstos en un principio, con lo cual equipararía sus prestaciones con la alta velocidad moderna, como la existente entre Madrid y Barcelona. El cambio del trazado entre Ourense y Lubián en más del 60% de su recorrido supone un nuevo retraso en la ejecución de la obra. El ministerio aún no ha cuantificado cuánto tiempo se perderá, pero los expertos aventuran que, dado el estado de paralización de esos tramos que ahora se van a revisar, la llegada del AVE a Galicia desde Madrid puede postergarse hasta cuatro años sobre el previsto 2012.

Ha tenido que producirse un relevo en la Xunta de Galicia, tras cuatro años de gobierno PSdeG-Bloque, y el cambio de Magdalena Álvarez por el lucense José Blanco al frente de Fomento para que los gallegos conozcamos al fin la verdad sobre esta infraestructura crucial. Y la verdad ha dejado estupefactos a los ciudadanos, que se han topado de bruces con la cruda realidad: ni el AVE en marcha era tal, sino una alta velocidad de segunda con escasa visión de futuro, ni todos los tramos estaban siendo tramitados con la diligencia necesaria para cumplir las promesas hechas. Para más “inri”, el presidente saliente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, esperó a perder las elecciones para criticar a Fomento y, veladamente, comenzar a tirar de la manta, después de que su propio Gobierno y el Ejecutivo de Zapatero hubiesen mantenido a dúo contra viento y marea el 2012 como fecha de llegada de la alta velocidad a Galicia. Lo hicieron hasta el mismo 1-M.

La realidad conocida ahora deja un rastro de preguntas inquietantes: ¿por qué las autoridades han tardado tanto en contar la verdad a los gallegos?, ¿por qué nuestros gobernantes hicieron oídos sordos al clamor de ingenieros y expertos independientes cuando éstos denunciaban las limitaciones de la línea del AVE diseñada para Galicia?, ¿por qué se eligió semejante trazado?, ¿por qué se han desperdiciado tantos años, legislaturas enteras, para corregir el engaño? En fin, ¿por qué tantas mentiras y tanta insistencia en mantener unos plazos que, a la vista de las últimas revelaciones, eran imposibles de cumplir si de verdad se quería dotar a Galicia de un AVE moderno y competitivo?

Bienvenida sea la verdad, pese a todo, si con ella llegan también por fin compromisos firmes y fiables respecto a la llegada de la alta velocidad a Galicia. La exigencia del nuevo presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de que se liciten a la vez proyecto y obra en los tramos pendientes, como mecanismo para acortar los plazos de ejecución lo máximo posible, resulta del todo razonable, por más que esa fórmula de tramitación nunca haya sido muy del agrado de los socialistas. Y no sólo razonable sino indispensable es establecer compromisos de financiación que garanticen las inversiones necesarias para acometer la obra en el menor tiempo posible y para preservarla tanto del impacto de la crisis en las arcas del Estado como del fin de las ayudas de la UE. Porque de ahí se desprende una pregunta más: ¿qué va a pasar con las partidas prometidas, e incluso presupuestadas, que de momento no se van a gastar?.

El momento adecuado para plasmar todos estos compromisos que requiere el AVE de Galicia es sin duda la anunciada reunión entre el presidente de la Xunta y el ministro de Fomento. Es de ahí de donde tiene que salir un pacto de Estado similar al firmado en 1991 por el entonces presidente gallego, el popular Manuel Fraga, y el ministro de Obras Públicas, el socialista Javier Sáenz de Cosculluela, sobre las autovías con la Meseta. Y debería conseguirse a pesar de los dardos que ambos políticos se han lanzado en las últimas horas. Feijóo ha manifestado públicamente su sospecha de que lo que en realidad está pasando es que se buscan disculpas para aplazar la obra porque no hay dinero, a lo cual Blanco ha respondido preguntándose en voz alta quiénes eran el ministro responsable y el conselleiro correspondiente cuando se decidió el trazado que ahora se va a cambiar, en alusión a Francisco Álvarez Cascos y al propio Feijóo. Precisamente por eso es necesario un pacto que saque de la batalla política una infraestructura crucial como el AVE y al tiempo garantice a Galicia una línea ferroviaria de alta velocidad moderna, equiparable a las de mayores prestaciones, y en el menor tiempo posible. Un pacto que asegure que en torno al AVE gallego no habrá ni un engaño más ni una dilación más.

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