Así que, visto y oído el mensaje del presidente entrante remitido al país a través del Parlamento en el debate de investidura, quizá no estorbe una reflexión sobre el que el propio don Alberto y los Grupos de la Cámara señalaron como reto principal de la legislatura, junto a la crisis; la reforma del Estatuto. Prioridad que algunos no ven, pero que si se analiza desde su lado financiero deja pocas dudas sobre la urgencia.
No es una exageración. En vísperas de que se abra el melón de la distribución de los fondos para las autonomías es una evidencia que quienes tienen reformado su texto básico e incluido en él apartados económicos concretos parten con ventaja. Y que sea precisamente don Manuel Chaves, que se entendió con el PP en Andalucía para reformar su Estatuto y así situarse en buena posición, no se ha de tener por casual, y debiera mirarse aquí con cierto detenimiento.
Algunos observadores, de los que dudan de la prioridad estatutaria, afirman que nada es más urgente que la crisis y, en consecuencia, si hay que predicar un pacto debe ser, primero y ante todo, para embridar la economía y sujetar el desempleo. Lo que resulta evidente, pero no del todo correcto; esos objetivos, aunque deseables y necesarios, no dependen sólo de acuerdos entre gallegos. El Estatuto y su reforma, en cambio, sí, y por eso habrá que aprovechar para pisar el acelerador bastante más a fondo.
La legislatura que ahora comienza puede ser esa oportunidad. Primero porque una buena parte del trabajo está hecho; un cincuenta por cien de la reforma se pactó ya, y los escollos son menores hoy de lo que fueron cuando se intentó superarlos la vez anterior. Sobre todo si, como parece, el Tribunal Constitucional falla de una vez sobre el Estatut catalán y despeja dudas acerca de la posibilidad de hablar de nación en el preámbulo o donde sea.
La otra gran cuestión pendiente, la lingüística, tiene si se quiere mejor pinta que antes. El PSOE habló en campaña de la necesidad de evitar imposiciones, y de hecho ha pactado contra ellas en el País Vasco, lo que es una pista. Y el BNG, o varios de sus más importantes dirigentes, aludieron a errores en el tratamiento del asunto. Lo que no quiere decir que vayan a ceder mucho, con que se muevan algo puede bastar.
Lo que ya casi nadie discute es que resulta urgente una reflexión final sobre todo eso y, después, ponerse manos a la obra de la reforma buscando una salida razonable. Otros lo han hecho y eso demuestra que no es imposible.
¿Eh...?