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HEMEROTECA » |
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Así pues, oído lo que dijeron los candidatos en campaña, y el estruendoso silencio que ha caído sobre algunas de las cosas que se prometieron, quizá no fuese mala idea recordarlas, no sea que se borren por culpa de la frágil memoria propia de los tiempos electorales. Ha pasado otras veces y quien paga las consecuencias es el llamado pueblo soberano, de modo que cada cual ha de ponerse a la tarea de evitarlo.
El catálogo de promesas a vigilar es realmente extenso, y la complejidad de su consecución amplia, sobre todo porque la amistad que unía a los gobiernos de Santiago y Madrid ha quedado al menos congelada, cuando no rota del todo. Y conviene cuidar las relaciones, porque ya se sabe que a pesar de todo sigue siendo muy cierto, en esto de la política, lo de que quien tiene padrinos se bautiza y el que no, al limbo.
Por ello, y en este punto, procede preguntar qué va a ocurrir con asunto tan delicado y clave como el de la financiación autonómica. ¿Seguirá el ministro señor Solbes dispuesto a tener en cuenta las demandas gallegas sobre envejecimiento y dispersión poblacional a la hora de distribuir los recursos? Y, a la vez, ¿mantendrán los socialistas gallegos en Madrid su palabra de empujar lo necesario para que así sea, a pesar de haber perdido la Xunta?
No se trata de abrir un juicio de intenciones ni de declarar el estado de sospecha contra los representantes del PSOE gallego en las Cortes Generales, pero tampoco conviene olvidar que, aún siendo los dos gobiernos amigos -el de aquí y el de allí- hubo casos en que los lazos no sólo no sirvieron para unir, sino que por poco ahogan: nadie olvidó aquí el caso del “plan Barreras”, que contemplaba el uso privado de astilleros públicos en Fene, aprobado en el Hórreo y negado en el Congreso con el placet de parte de la Xunta.
Ya puestos, y sin ánimo de agotar el repertorio, hay que fijarse en todo lo del AVE, su calendario y los ritmos. Tras el bochornoso juego de “poner en marcha” en febrero una tuneladora que no empezaría a trabajar hasta abril, Fomento ha tratado a este país como si fuese Bostwana, con la ministra Álvarez de fustigadora principal. Se rió de sus correligionarios, que nunca tuvieron arrestos para replicarle, y hay que temer lo que haga ahora con sus adversarios; de ahí que convenga prepararse para plantarle cara.
De lo demás, como las Cidades do Mar y da Cultura, habrá que hablar otro día, como otro día será necesario preguntar por el Estatuto y su reforma que sin palabras mayores.
¿O no...?
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