Vamos terminando porque este serial sobre los ministros españoles de Defensa ya huele a rancho. Dejamos el capitulo anterior en la toma de posesión de don Federico Trillo, el hombre que firmó la defunción de la mili. Su gestión duró los cuatro años de la última legislatura de Aznar y se caracterizó por una teatralidad. exagerada. Teatral fue su debut en el patio del ministerio, pasando revista a la tropa, inflado como un pavo en vísperas de navidad. Teatral fue su anuncio sobre la reconquista del peñón de Perejil.. (“ Al alba y con fuerte viento de levante, nuestras tropas... etc, etc “). Y teatral fue su comparecencia en el territorio de Turquía donde se estrelló el avión que traía de vuelta a casa a un contingente de la tropa destinada en Afganistán No hubo supervivientes y las lamentables condiciones del aparato contratado por su departamento, así como la chapuza de identificación de los cadáveres, dieron lugar a un procedimiento judicial que todavía se sustancia La imagen del paseo de Trillo entre los restos del accidente, vestido elegantemente de calle, y bajo el paraguas que sostenía uno de sus ayudantes, quedará grabada para siempre en nuestra memoria. Su gestión- como la de todos sus colegas- fue objeto de polémica, pero ha de reconocérsele que marcó un estilo. Hasta el punto de que, el regreso de los socialistas al poder no interrumpió esta línea de actuación, y a un Trillo marchoso le sucedió un José Bono muy parecido Y a este, un José Antonio Alonso, que, por puro contraste, fue el más discreto de todos .Dicen, los que saben de estas cosas, que el presidente del Gobierno nombró ministro de Defensa al político manchego por dos razones principales. De una parte, para mitigar la decepción que seguramente le produjo su derrota ante el propio Zapatero en las elecciones a secretario general del PSOE. Y de otra, porque se necesitaba un ministro capaz de igualar en patriotismo gestual a su antecesor. Y no defraudó. Su toma de posesión pasará a los anales de la iconografía española mas casposa y folklórica. Allí estaban, rodeándolo de afecto, Raphael y Natalia Figueroa, Pedro J. Ramírez, el cardenal Rouco Varela, los lideres de CCOO y UGT, Esperanza Aguirre y su odiado Alberto Gallardón, el hipersensible Antonio Gala, y la todavía contundente Conchita Velasco. La etapa de Bono en Defensa resultó impagable para humoristas e imitadores de estrellas, que se cansaron de remedar esa forma tan suya de pronunciar la palabra España, metiendo una ‘g’ entre la ‘e’ y la ‘s’. Todos los anteriormente citados – a la vista está - fueron hombres, pero Zapatero ( que ,en estas cosas de elegir elenco femenino, es muy parecido a Almodóvar) quiso que su sustituto fuera una mujer; una socialista catalana, Carme Chacón, joven y, en aquel momento, embarazada de siete meses Con la elección de Chacón ( “Capitán mande firmes...”) ha quedado demostrado que el ejercito español es un cuerpo dócil y disciplinado, que admite sin rechistar la voz de mando de los civiles, por muy estrambótica que esta sea. Y llegados a este punto, bueno seria que el próximo nombramiento de un ministro de Defensa volviera a recaer en un militar. Hay muchos muy competentes, muy discretos, y muy preparados para ocupar ese cargo. No hay nada más patoso que un civil haciendo de militar. Todo ello al margen del lío de Kosowo.