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Los empresarios gallegos han abierto oficialmente el proceso para elegir, el próximo mes de mayo, al nuevo presidente de su máximo órgano corporativo, la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG). Los responsables de las patronales de A Coruña, Antonio Fontenla, y de Pontevedra, José Manuel Fernández Alvariño, han anunciado ya su intención de competir por el cargo, tal y como hicieron hace ocho años. Será una pugna interesante para conocer la correlación de fuerzas en el empresariado de la comunidad, pero, más allá de esa legítima disputa, lo que los empresarios gallegos tienen ante si es una ocasión excepcional para exponer con claridad a la sociedad su receta para salir de la crisis, sin duda la tarea común más urgente para todos los gallegos.
La coincidencia de estas elecciones con el relevo en la Xunta, consecuencia de los resultados de otros comicios, los del 1 de Marzo, contribuye a dibujar un escenario que confiere mayor trascendencia si cabe al pronunciamiento del empresariado gallego. En una situación como la actual, con una galopante destrucción de empleos y un escenario de crisis económica sin precedentes, la sociedad necesita más que nunca que los empresarios ejerzan el liderazgo social que les confiere ser los principales generadores de riqueza.
Si en algo hay acuerdo respecto a cómo salir de la crisis en España es en que el único camino con garantías de futuro pasa por mejorar la competitividad de la economía y por crear sectores productivos que reemplacen a la construcción y al sector servicios, los más afectados por la recesión. Y también existe consenso sobre la única receta viable para alcanzar esos objetivos: la innovación. El plan industrial que los responsables de Citroën han diseñado para su planta en Galicia tiene precisamente la virtud de potenciar la capacidad investigadora de su fábrica en Balaidos, lo cual constituye la mejor garantía posible de viabilidad para la crucial industria automovilística de la comunidad. Todos los sectores de la economía gallega deberían avanzar en esa misma dirección.
Los expertos coinciden en que el mundo se está dividiendo entre quienes quieren competir con EE UU y Japón en innovación y los que basan sus ventajas en la mano de obra, como India y China, y advierten de que el escenario será muy duro para aquellos que se queden en medio. Es un diagnóstico compartido. Otra cosa es que luego las administraciones hagan oídos sordos a lo que el sentido común aconseja y destinen 8.000 millones de euros a obras y sólo 500 a investigación.
La crisis es global, y por lo tanto resultan inconcebibles salvaciones locales, pero también es cierto que nadie, ni empresarios ni trabajadores y mucho menos las administraciones, puede quedarse con las manos cruzadas, por reducido que sea su ámbito de influencia. Las medidas adoptadas hasta ahora en Galicia han ido encaminadas fundamentalmente a evitar el colapso financiero de las empresas y a amortiguar los efectos de la crisis sobre el paro. Quizá haya llegado el momento de superar las actitudes eminentemente defensivas, por así llamarlas, y pasar a marcar estrategias claras de futuro que modernicen el tejido productivo de la comunidad y lo sitúen, cuando la crisis escampe, en mejores posiciones que las actuales para conquistar los mercados de una economía absolutamente globalizada.
Hay margen para ese cambio de rumbo. Llevarlo a cabo depende, sobre todo, de lo que quiera arriesgar y por lo que quiera apostar cada administración. Navarra, por ejemplo, que al igual que Galicia tiene en su territorio una importante fábrica automovilística (Volkswagen), se ha decidido a dar ayudas de entre 1.200 y 2.400 euros por la compra de vehículos, una medida clara de apoyo a su industria del motor y a la reactivación del consumo. No es tiempo de dejarse guiar por estereotipos, sino de buscar soluciones imaginativas. En la planta de Seat en Martorell, por seguir con el sector de la automoción, los trabajadores, a propuesta de los sindicatos, acaban de aprobar la congelación de sus salarios para intentar conseguir la línea de producción de un nuevo modelo. Respuestas pragmáticas, efectivas y coordinadas entre la Administración y los agentes sociales es lo que necesita Galicia y, muy especialmente, los 206.000 parados registrados ya en la comunidad. Por eso es más importante que nunca no sólo que los empresarios gallegos acierten en el diagnóstico de la situación y en las soluciones para afrontarla, sino que den un paso al frente en la estrategia contra la crisis.
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