La destrucción de un valle

Jorge Álvarez Yágüez
Carmela García González

 

Uno tiende a pensar que con un gobierno más ilustrado que los que hemos tenido determinadas cosas de ninguna manera pueden ocurrir. Es una confianza que pudiera considerarse razonable pero a veces resulta bovina. Cuando uno se toma la molestia de observar los planos del trazado de la autovía que enlazaría la autopista AG-57 a la altura de Vilaza (Gondomar) con el cruce ubicado en Couso (Gondomar), así como el trazado de la circunvalación Este de Gondomar, ambos parte del proyecto "Vigo Integra ", y leer con detenimiento los cientos de páginas de la memoria adjunta, no da crédito a lo que tiene ante sí. Algo en nosotros, que según el optimismo o el pesimismo de cada cual denominará de una manera (confianza en la razón y sensibilidad humanas, o ingenuidad sin remedio del que aún cree en fronteras de distinción políticas), se resiste y dice: "¡no puede ser!".

Y es. Se lo contamos: la circunvalación no circunvala nada, sino que después de derribar un sin número de casas vecinales, una fuente histórica y la casa rectoral, pasa rozando la Iglesia para desembocar un poco más allá. El desatino es tal que la Conselleira del ramo se ha apresurado a declarar que se modificará. Pero no así lo que es más disparatado si cabe: la autovía. Sin duda conocen el Val Miñor, único por sus características; con la sierra de O Galiñeiro (una de las cimas más altas de la Galicia sur) por un lado y el monte Aloia al otro; formidable cuenca hidrográfica que alimenta a todo el municipio con múltiples ríos, manantiales y arroyos, y a la misma ciudad de Vigo, con el Zamáns, que viene a unirse en el mismo Gondomar con el Miñor que desemboca formando el estuario de la Foz, en Ramallosa. Los petroglifos salpican todo el valle pudiéndose encontrar de una punta a la otra; las peculiares formaciones geológicas como los "cotos" de Chaín, que han llamado la atención de estudiosos, o la singularidad de las distintas parroquias (Vilaza, Chaín, Morgadáns, Peitieiros, Couso) por su vida propia y la continuidad de sus tradiciones, son muchas otras características que proporcionan su identidad al Valle. Bueno, pues, ¡créanselo! la autovía con sus 150 metros de ancho a lo que hay que añadirle los taludes y márgenes de obra, partirá el Valle en dos, justo a la altura de su cuna, dividirá todas sus parroquias, arrasará más de una cincuentena de casas dejando muchísimas otras a su mismo borde; aniquilará su masa arbórea, modificará la ramificada red hidrográfica, cortará la de los no menos diversificados caminos, incomunicará a los vecinos que se verán obligados a dar rodeos. Tales consecuencias, y el sufrimiento que conlleva, acaso alguien se atreviera a objetivar en el apartado de costes. No sabemos cómo se hará, pero sí que habrán de estar muy claros los beneficios para todos, la utilidad general, que de tan alta sirva de alguna justificación para tanto daño. Y nada de esto se encuentra, por mucho que se revise la deficientísima memoria del proyecto. En las escasas líneas que dedica a este trazado, se dice, para sorpresa de todos, que se necesita mejorar la comunicación con el sur y Portugal, cuando la actual, tanto por autopista o carretera convencional, es plenamente satisfactoria. Ya entre líneas se menciona la necesaria conexión entre dos pequeños polígonos, aún por desarrollar, el de Tomiño y el de Porto do Molle, para el que se ha talado brutalmente la única zona boscosa que quedaba al municipio de Nigrán, un bosque de ribera, que tiene por función, entre otras, la de aliviar las crecidas del río. Y uno no se puede creer que disponiendo de las carreteras actuales, (una de ellas considerada de calidad (nivel ABC) la otra cercana, antes del ensanchamiento actual, y una autopista), alguna aún potencialmente muy mejorable, se pueda caer en esta razón desarrollista erigida sobre futuribles y datos inciertos, que desprecia la gran riqueza inmensurable que es este valle para todos -y lo es para hoy y para mañana- por unos ilusorias ganancias contables para algunos. Esta es toda su vaporosa justificación, sin ningún estudio específico, ni siquiera de impacto medioambiental. Contra todas las indicaciones de la Unión europea - y, dicho sea de paso, contra la propia Lei da Paisaxe aparecida el día siguiente al proyecto-, este proyecto que se dice pomposamente de futuro no considera alternativa alguna, ni siquiera la obligada alternativa cero, ni otro transporte que el del automóvil privado; no disocia el binomio desarrollo económico- transporte; no sigue las recomendaciones en materia energética vinculada al transporte, ni en cuanto a la mejora de la red de comunicaciones existente. Es decir, se sigue diseñando el futuro con modelos industrialistas del pasado. Ahora en un espacio que cualquier país europeo declararía de especial protección, en un ancho de menos de 15 Km vamos a tener dos autopistas y una autovía. Después de haber estudiado este proyecto, ver la justificada indignación y angustia de los vecinos, aún nos cuesta creer que gobernante alguno medianamente ilustrado o sencillamente sensible pueda pretender llevarlo a cabo.

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