El Estado no es católico

Antonio Casado

27.11.2008 | 00:00

El cardenal primado, monseñor Antonio Cañizares, ha llegado a sugerir una especie de "cristofobia" en las filas socialistas por el hecho de que el PSOE de Castilla y León, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se haya colocado a rebufo de una sentencia judicial para reclamar la retirada del crucifijo en las escuelas públicas de titularidad estatal.
Sin embargo, ha quedado totalmente desmentido que Zapatero sea el anticristo y que José Blanco, número dos del partido, haya renunciado a su profesión de fe católica. No solo eso. Además, la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, se ha mostrado favorable a que la decisión sobre la continuidad o la retirada del crucifijo en los centros escolares se tome democráticamente en los Consejos Escolares, donde están representados los alumnos, los profesores y los padres.
No es suficiente. El ataque de contrariedad sufrido por el sector más conservador de la sociedad, frente a lo que interpretan como un intolerable y enésimo ataque de la izquierda gobernante contra la religión católica, ha puesto en circulación los más peregrinos argumentos. Resultado: una polémica bastante absurda, en la que todo se confunde y todo se manipula interesadamente. Desde quienes denuncian una grave ofensa a nuestra cultura y nuestras costumbres, hasta quienes lo mezclan con la llamada memoria histórica y se rompen la voz pidiendo que no se remueva el pasado a fin de tener la fiesta en paz.
Algunos creemos que la exhibición de símbolos religiosos, los que sean, en una escuela pública de titularidad estatal, rompe la neutralidad del Estado en materia de libertades individuales, a la luz de un sistema jurídico-político como el nuestro, basado en el pluralismo, la libertad de cultos, la libertad ideológica, la tolerancia, el respeto a las minorías y la aconfesionalidad del Estado.
Sólo una especie de relativismo, tan denostado por los obispos, podría ponerlo en duda en función de circunstancias como la costumbre o el carácter mayoritario de la religión católica en nuestro país, por encima del espíritu y la letra de la Constitución. Son inequívocos. Como inequívoca es al respecto la doctrina del Tribunal Constitucional (su primera sentencia es de febrero de 1981) y del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos (junio de 2004).
No se trata de ir contra nadie, sino de ir a favor de que se aplique la Constitución. De cumplirla, especialmente en su parte positiva, la que concierne al cultivo y promoción de los valores civiles que proclama. Que los poderes políticos quieran retirar el crucifijo de los centros públicos no supone persecución a los católicos. De la pared de las escuelas de otro tiempo también cayeron en su día, con el advenimiento de la Democracia, los retratos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, pero ser franquista o ser falangista, como opciones individuales que son -como la opción religiosa-, no está prohibido en absoluto.

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