Urge olvidar a ETA

Matías Vallés

21.11.2008 | 01:00

El condicionamiento de la actividad política a ladrones de diversa laya es aceptado con resignación por la ciudadanía, que se limita a pagar las facturas del latrocinio. Sin embargo, la democracia ha reducido al menos la intermediación de asesinos para obtener propósitos políticos, y es aquí donde el Reino Unido se distingue todavía de Rusia. En este panorama, ETA ha sido muy analizada como fuente de dolor, pero menos como manantial de una vergüenza anacrónica y repartida entre Euskadi y el resto de España. Con la posible salvedad de los dirigentes de PNV y EA, que siempre han gobernado el País Vasco como si el terrorismo fuera un problema ajeno.
La captura del presunto asesino Cheroki -un apodo que define el talante intelectual de su propietario- impone la lógica de que un ciudadano armado no puede campar a sus anchas por tierras de España y Francia. También aquí el riesgo para las vidas humanas era el principal motivo para acelerar la detención, pero la demora cursaba con el oneroso efecto secundario de contribuir a la creación de leyendas a partir de perfectos imbéciles, mitificados por el expeditivo trámite de que eran capaces de matar a seres humanos desarmados. La cobardía al poder.
El triunfo de la democracia no radica en condenar todos los atentados -un punto en que la propensión española a la histeria ha rozado criterios de limpieza de sangre-, sino en no tener que condenar más atentados. Este sistema suizo antepone la efectividad racional a las emociones desatadas. La virtud cívica del desprecio se combinará en Euskadi con el vértigo de gobernar sin bombas. Los asesinos han sido históricamente muy útiles para camuflar la incompetencia de los gobernantes. Así ocurre con Bin Laden a escala planetaria, y con los etarras en la dimensión provinciana. Acabar con ETA es un principio de higiene social, un enunciado tan trivial como anunciar la persecución del crimen. En un escalón posterior urge olvidar a ETA, si los fanáticos de las memorias históricas no ordenan lo contrario.

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