CRÓNICA POLÍTICA

Javier Sánchez de Dios

19.11.2008 | 00:00

Pues la verdad es que, dicho sin intención de echarle leña al fuego, a estas horas tendría que estar dándose con un canto en los dientes el señor director general de Planificación de la Xunta por ocupar asiento en un gabinete teóricamente de izquierdas; de ocuparlo en otro de derechas, andaría su efigie empalada en alguna pancarta de protesta, que menudos eran, algunos sindicatos por ejemplo, antes de recibir la anestesia -sin duda en dosis muy generosas- del Gobierno para resistir los efectos más agudos de la crisis.
Procede, lo anterior, primero por la falta de respuesta a lo que dijo don José Colino sobre la Administración Pública, los funcionarios y su eficiencia, y la actitud de las centrales con presencia en ese mundo tan especial. El director general dividió al colectivo entre los que trabajan y los que "no dan ni golpe" -sic-, aludiendo a la necesidad de plantear retribuciones diferentes y los sindicatos se limitaron a replicar con una ironía demagógica sobre la conveniencia de extender esas categorías a la clase política. Lo que puede que sea verdad, pero conforma otro asunto que no venía a cuento salvo para distraer la atención.
El tema nada tiene de banal, primero porque afecta a un colectivo con millares de funcionarios que en teoría atienden al público gallego y ordenan su vida y cuyo coste alcanza cifras enormes. Segundo, porque además están casi blindados contra una crisis que pone cada mes en paro a doscientas mil personas que se preguntan por qué a ellos sí y a los otros no -sobre todo a los que "no pegan ni golpe", como dijo, y ante uno de los sindicatos, el señor director general Colino-.
Conste que don José, aparte de la razón que le asista, que seguramente alguna tiene, no ha dado ninguna, y han pasado días, por la que el gabinete del que forma parte siga sin iniciar acciones para separar el grano de la paja, poner orden en el silo y eliminar, en vez de seguir pagándoles, a los que admite vagos. Cierto que es una tarea delicada, pero después de tres años y pico algo, o al menos algún gesto, podría haber hecho, siquiera para disimular el papelón del director general, que ya le ha llegado, ya.
Dicho eso, convendría no aprovechar la ocasión, por más que la pinten calva, para descalificar a los funcionarios en su conjunto con manidos argumentos. La Administración va como va entre otras razones porque los políticos llevan años partidizándola e inyectándole cuerpos extraños, con designaciones a dedo, que desmotivan y confunden. Pero esa es otra historia.

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