Viaje a Washington en clima de recesión

José Cavero

15.11.2008 | 01:00

La coincidencia es evidente: el viaje del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a la cumbre de países del llamado G-20, o veintidós, que tratarán de revisar el funcionamiento de las instituciones y normas de las finanzas mundiales, se lleva a cabo horas más tarde de que los datos de la contabilidad nacional hayan arrojado el dato temible y previsible de que nuestro país está ya en plena etapa de recesión o decrecimiento.
Es una situación sin duda complicada y difícil, para nuestro país y para muchos otros que están ya en la misma situación, por causa de la crisis, sobre todo, por lo que supone o significa: paro creciente con destrucción del mercado laboral, destrucción también de empresas y reducción notable en las tasas de consumo y paralelo ioncremento de las tasas de morosidad e impagos.
De manera que se produce una mezcla agridulce de situaciones, para nuestro país: por vez primera se invita a la mesa de debates en l que podrían ponerse algunas bases para revisar ese sistema capitalista -que no hay duda de que ha tenido evidentes fallos de funcionamiento y ha generado esta dolorosa crisis- , a un país que ha registrado prácticamente tres lustros de espectacular y sostenido crecimiento, sin sobresaltos...
De manera que la recesión ya está aquí, con carácter formal y según todas las normas contables exigibles. Según todos los indicios, hemos entrado ya en el segundo trimestre continuado de crecimiento negativo, de decrecimiento o de destrucción de la riqueza nacional que habíamos acumulado en los tres lustros anteriores, con tasas del tres y hasta del cuatro por ciento anuales acumuladas...
¿De quién es la culpa de méditos y deméritos? Los dirigentes políticos suelen tener la tentación de apuntarse para las buenas noticias y procuran huir de las responsabilidades de las malas. De este caso, parece evidente que los años felices fueron obra de una política económica afortunada y de un ciclo económico no menos feliz. En términos generales, el país y sus agentes sociales -trabajadores todos-, estuvieron al nivel de lo que de él se esperaba. Funcionó el país. Ahora, en buena medida ha dejado de funcionar por exigencias de la economía global, de esa globalización con aspectos positivos y negativos en que nos encontramos.
No ha de consolarnos en exceso, aunque sí explique en buena medida la situación, el hecho de que muchos otros países estén en la misma situación de dificultad, notablemente Alemania, con tasas de decrecimiento peores a la que nosotros estamos padeciendo. No es consolador, como decía, pero sí ayuda a explicar una situación que todavía algunos portavoces económicos del partido opositor reprochan que haya sido producida, alentada, provocada por un Gobierno incapaz.
El mismo Gobierno, por cierto, que en los cuatro años anteriores "producía" crecimiento de tres o cuatro puntos cada año en la riqueza nacional. Es tan absurdo eso como lo contrario, considerar que el jefe del gobierno "de turno" es el milagroso elemento capaz de conducir a un país a la felicidad de crecer y crecer, hasta merecer que alguna vez reconozcan que ha merecido situarse en la tabla de honor de los más industrializados, o de los más esforzados en conseguir un modelo financiero sin escándalos ni distursiones notables durante mucho tiempo. También en esta materia, hay un causante general, llamado país o ciudadanos.

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