Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

09.11.2008 | 00:00

A estas alturas, y a la vista de lo que acaba de plantear el señor alcalde de Lugo -que es uno de los referentes jacobinos del PSOE gallego, conviene no olvidar el dato, porque unos como don Francisco Vázquez llevan la fama pero otros cardan la lana-, habrá que estar atentos a la respuesta, ya que se trata de un órdago que afecta a la ciudad capital, claro, pero no sólo. Y es que, a poco que se medite, la invitación al PP y al BNG para que tengan la fiesta presupuestaria del Gobierno local en paz u organicen otra propia puede afectar al presente municipal y al futuro gallego.
Su señoría don Xosé Clemente, que no tiene un pelo de tonto, sabe que es invocable a día de hoy -o de mañana lunes-que populares y nacionalistas lleguen a entenderse en una ciudad en la que, como es Lugo, resulta muy significativo que la izquierda tenga la Alcaldía, pero aún así corre un riesgo. Y no sólo porque, aunque remota, siempre existe la posibilidad de una pinza de la oposición sino porque podrían fallarle otros cálculos orientados a los socios de la Xunta y, por tanto, quedarse como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando.
Pero tampoco hay que pasarse. El señor alcalde, que presenta la aprobación de los Presupuestos como una cuestión de confianza -lo que, en realidad, es- sabe bien que una derrota no implica la renuncia automática al cargo -salvo que haga lo que el vigués don Ventura Pérez, que lo prometió y cumplió- y por tanto tiene margen de maniobra aunque no resulte demasiado airoso. Confía en que fortuna audaces iuvat, pero aún así -conviene repetirlo- el órdago tiene muchos peligros.
En este punto quizá no esté de más señalar algunos insospechados, que los hay. Si al señor Orozco le sale bien la jugada habrá demostrado que se puede gobernar en minoría -la misma aventura que intenta otro socialista en Ferrol- con la lista más votada, y así liquida buena parte de la tesis que justificó los pactos municipales que su partido firmó en Galicia. Y si le hubiese salido mal y perdido ante una conjunción de PP y Bloque, abre el camino a esa fórmula en otros Concellos o aún más allá. Quién sabe.
Resulta pues, posible, que la iniciativa de don José Clemente no haya sentado del todo bien en una parte del staff directivo socialista, quizás el mismo que ya recelaba de su notable terquedad para no firmar los acuerdos que en su día establecieron los señores Pérez Touriño y Quintana. Es cierto que él aseguró ahora contar con el apoyo de la dirección local y gallega, y que ha habido voces autorizadas en ese sentido, pero eran obligadas; la intrahistoria está por escribir y acaso se haga a partir de mañana. cumplido el plazo -o ultimátum- fijado por el propio alcalde. Sería interesante.
En todo caso, lo que sea sonará, pero en esta ocasión lo hará, además y probablemente, con cierto estrépito. ¿No...?

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