La verdad de la mentira

31.07.2008 | 02:00

José Manuel Ponte

Un comisario de policía portugués , Gonçalo Amaral, que fue el primero en dirigir la investigación sobre el famoso caso Madeleine (la niña inglesa que desapareció del apartamento de sus padres mientras estos cenaban con unos amigos en un restaurante del Algarve), acaba de publicar un libro titulado A verdade da mentira. El autor sostiene que los indicios apuntan a que la niña murió como resultado de un trágico accidente y que, luego, el matrimonio McCann ocultó el cadáver, contando con la complicidad de terceros, entre los que podrían estar las propias autoridades inglesas y algunos medios de comunicación. No hace falta recordar que el caso Madeleine se convirtió en un serial de éxito en la prensa de todo el mundo, y especialmente en las páginas de los periódicos sensacionalistas. El matrimonio viajó de un lado a otro pidiendo ayuda económica para financiar la búsqueda de la niña supuestamente desaparecida y hasta fue recibido por el Papa, dada su condición de católicos. Pese a todo, su comportamiento (llamaron a la prensa antes que a la policía ) no dejó de levantar suspicacias hasta que la falta de pruebas obligó a la judicatura portuguesa a dar por cerrado el caso ordenando el archivo de las actuaciones. El libro de Amaral no hace otra cosa que avivar la polémica, porque el comisario fue acusado por la prensa inglesa de perseguir injustamente al matrimonio hasta que fue separado de la investigación. Con independencia de su contenido (que no tuve ocasión de leer), el título es muy sugestivo y me recuerda algunos de los solían estar a la venta en la Livraría Rodrígues, un establecimiento lisboeta especializado en "autores desconhecidos, preteridos ou simplemente esquecidos". Los portugueses- como les ocurre también a los gallegos- tienen un talento especial para juntar palabras y conceptos contradictorios con ánimo de sorprender a la audiencia, y de esa forma, entre bromas y veras, incitarla a que descubra, bajo las apariencias, un sentido oculto, una verdad tapada por la espesa hojarasca de la mentira. Como dice el conocido dicho galaico: "Se vou, vou, e se non vou, non vou". Es decir, tan cierta y tan válida es una opción, como su contraria. Y esa clase de habilidad es muy apropiada para dedicarse a la investigación detectivesca, donde la habilidad del sabueso consiste en desechar las pistas falsas que va dejando el criminal y coger el hilo que nos permitirá devanar la madeja del misterio. Desconozco si el libro del comisario portugués tendrá alguna utilidad distinta que la de prolongar el eco del escándalo, pero el título es un hallazgo literario y filosófico. Nunca fue más necesario que ahora distinguir la verdad de la mentira. Realmente vivimos en un ambiente mediático totalmente contaminado por las mentiras que constantemente arrojan sobre nosotros desde los centros del poder económico y político con apariencia de verdades. Por ejemplo, las pruebas falseadas sobre las armas de destrucción masiva que supuestamente poseía Sadam Hussein, y que sirvieron de pretexto para la invasión de Irak y la apropiación de su petróleo. Por ejemplo, las explicaciones oficiales sobre algunos atentados grandiosos. Nos cuentan mentiras como si fueran verdades, y hemos de hacer como que las creemos. Es peligroso pasarse de listo.

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