El horizonte

30.07.2008 | 02:00

Javier Sánchez de Dios

A primera vista no tiene muy buena pinta, la verdad, eso que llaman ahora "el horizonte" para referirse al futuro de determinados asuntos públicos. Cierto que la nomenclatura se emplea más para prevenir, mediante la abstracción, un posible incumplimiento de compromisos fechados -en especial el del AVE para el año 2012- pero ahora se ha generalizado y ya se usa, verbigratia, en el asunto de la financiación autonómica. Que es plazo para cinco años pero no se le puede aplicar aquel "largo me lo fiáis" de Tenorio, porque en política un lustro es casi un suspiro.
Queda dicho lo de la mala pinta, no sólo porque en las dos primeras ocasiones en que se oyó al ministro don Pedro Solbes Galicia estuvo fuera del discurso, sino porque lo único que se hizo desde aquí, que se sepa, fue anunciar como recurso -casi de apelación- una entrevista con el señor presidente del Gobierno de España en la que se desplegaría toda la influencia del socialismo gallego. Y como a otros que tienen esa influencia mucho mayor -el caso de Cataluña, sin ir más lejos- ya le han dicho que se lo tomen con paciencia, no parecen infundados los temores.
Y no es sólo -que también- una cuestión de cifras o de conceptos claves para este país, como la dispersión poblacional o su edad media: es que de los cinco años que vienen, más de la mitad se van a caracterizar por la crisis y ya se sabe que ese tipo de circunstancias perjudica más a los que menos tienen. Y dado que el noroeste no es El Dorado precisamente, se necesitarán para compensar más recursos de los que hasta ahora se han dado, algo que coincide al cien por cien con lo que reclaman, por ahora sin éxito, los responsables de las finanzas galaicas.
Se ha dicho ya, y resulta oportuno repetirlo, que poco o nada se logrará sin la unión -que hace la fuerza- de la sociedad gallega y, como primer paso, el Parlamento despachó una declaración de intenciones en ese sentido. Pero eso lo harán también, si les fuere menester, el resto de las autonomías y por lo tanto habrá que habilitar algún otro recurso, objetivo o subjetivo; de estos últimos los más eficaces solían ser los que se fundamentan en la "amistad" política de los Gobiernos, pero con las coaliciones y otras variables, el método pasó a la historia y es ya más retórico que práctico.
Quedan los objetivos, pues, y habrá que esmerarse no sólo en proclamarlos, sino, sobre todo, en defenderlos, robusteciendo el argumentario de modo que resistan no sólo otras peticiones, sino las comparaciones. Lo malo es que eso se hace a partir de los datos, y manejar los negativos es malo para el Gobierno que, como el gallego, está en víspera electoral. De ahí que el horizonte sea tan negro. ¿Eh...?

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